domingo, octubre 23, 2005

Doppleganger

Los que me conocen, lean, los que no, quedense con la duda del porque este texto.
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Habrá quien piense, después de leer esto, que pretendo parecer un "tenorio"; nada mas lejos de la verdad y de mi intención. Al contrario; poseído de mi insignificancia física, convencido de que para las mujeres no hay merito mejor que tener las piernas largas o la nariz muy grande, está por la primera vez que yo me haya dirigido a una de ellas. Y han sido ellas, siempre y en todos los casos, las que se han dirigido a mi. Por eso nunca he sentido el temor de que me engañasen con otro, pues aquello que hemos conquistado por el propio esfuerzo puede huir de nuestras manos, pero lo que ha venido a nuestro poder voluntariamente no se va si nosotros no nos lo desprendemos con energía y decisión.

De todos mis amores he tenido que desprenderme por mi mismo, porque la monotonía y el cansancio hacían de mis nervios un xilofón desafinado. Mas tarde, cuando había perdido a aquellas mujeres, volvía a notarme atraído por ellas, pero entonces ya no tenia mas remedio. Sin embargo, al tropezar con alguna de las que ame, he oído siempre las mismas palabras: "nunca he olvidado lo feliz que fui contigo; tu manera de hablar, tu carácter, todo es distinto a lo de los demás". (Lo cual nunca me ha envanecido, por que para ser "distinto a los demás" hace falta bien poco)

Decir te quiero, amor mío o cualquier cosa semejante siempre me ha costado mucho trabajo. No se a que achacar esto, porque es preciso advertir que cuando he querido, he querido con toda el alma: o lo que es igual, he hecho sufrir de lo lindo a las predilectas de mi corazón. (¿Sadismo? ¡A lo mejor!)

He dicho que nunca me he dirigido a ninguna mujer, porque a la mujer, como al cocodrilo, hay que cazarla y la caza es un deporte que no me interesa; esforzarse por lograr una mujer me parece una pérdida de tiempo semejante a la de darle de comer a una ternera el contenido de una lata de sardinas en aceite. Don Juan Tenorio no era, a mi jucio, ni un caso clínico ni un héroe; era, sencillamente, un cretino sin ocupaciones importantes. La mujer que aspire a que la quiera, suponiendo que esta mujer exista, que no lo dudo, tiene que venir a buscarme, como vinieron las anteriores, pues en eso ya he dicho que estoy muy mal acostumbrado, y entonces ya veremos si nos entendemos. Además, con respecto a ellas, sostengo un criterio cerradísimo: o se acomodan a mi, a mis gustos, a mi carácter y a mis aficiones, o me hago un nudo en el corazón y les digo adiós con melancólica entereza.

El hombre, ofuscado y cegado por la belleza femenina, ha exaltado a la mujer, sin pararse a considerar su imperdonable conducta en la vida. Ha sido, pues, el hombre el principal culpable de que sea la mujer como es, y aun de estropearla todavía mas; pues en fuerza de elogiarla, de considerarla como el eje del Mundo y de rendir su cerebro ante sus pantorrillas, ha obtenido el triste resultado de que cualquier estupidilla, sin otro bagaje que unos ojos bonitos, se crea superior a cuanto la rodea.

No soy un misógino: sin la compañía, sin la presencia de las mujeres no podría vivir; me gustan por encima de la salvación de mi alma. Lo que no hago, al menos por ahora, es entregarles el corazón, porque cada vez que lo entregue, me rompieron un pedazo, y lo necesito entero para la metódica circulación de mi sangre (Las mujeres no nos rompen el corazón por que dejen de amarnos, pues difícilmente puede encontrarse un ser que desarrolle la fidelidad pétrea que desarrolla la mujer. Nos rompen el corazón mostrándosenos, de pronto, meridianamente distintas a como las creíamos) Mi conducta es, pues, con respecto a las mujeres igual a las de las amas de casa, que no dejan la vajilla buena en manos de la criada que acaba de llegar del pueblo, porque saben que se las descabalarían . Y en cambio, se la confían sin miedo a una doncella experimentada.

Acabare este capitulin de las mujeres con dos observaciones intrascendentes:

PRIMERA.- Como mas me gustan las mujeres es desnudas
SEGUNDA.- Una vez desnudas, como mas me gustan las mujeres es de espaldas.

-Enrique Jardiel Poncela. Prologo autobiográfico de "Amor se escribe sin Hache"


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¿Como no voy a respetar y admirar a este tipo?


Yo.

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