martes, noviembre 01, 2005

To be or not to be: That is the Ugly question

En el banco, frente a mi, había una pareja. Ella no tendría mas de 22, usaba un suéter blanco, pantalón de mezclilla entubado color verde olivo y unos botines color café con leche, también tenia amarrado en la cintura otro suéter, como los que venden en Chiconcuac. Tenia el cabello corto, color paja, lentes y cara de ratón.

El tendría unos 24 años, pantalón azul con unos zapatos flexi cafés y playera roja. Era mas bien chaparro, un poco gordo y algo jorobado, prognata y dienton, cabello grasoso con caspa.

Se miraban con un chingo de ternura, el pasaba su brazo por el hombro de ella y la besaba repetida y sonoramente en el cachete, ella se reía y lo besaba también. Platicaban cosas intrascendentes y se reían de sus propias estupideces. Se acercaban de nuevo uno al otro y se decían cosas al oído, volvían a reír y se besaban de nuevo, muchas veces y tronando los labios.

Yo los miraba y de pronto mi convencimiento de que el amor no existe se tambaleo un poco. Mi convicción acerca de la ilusión óptica que mueve a dos personas a hacer pendejadas juntas que jamás hubieran hecho por separado (que se conoce vulgarmente como amor) trastabillo por unos momentos.

¿Será acaso que el amor si existe? Pensé.

Pero después de unos momentos, mi frío y cínico raciocino regreso a mi, y ya en mis cabales me di cuenta de que no es así.

Simplemente, sucede que siempre hay un roto para un descocido.

O como en este caso en particular, siempre hay un impedo para una fea.

Y no estoy diciendo que no fueran felices —que lo eran, o por lo menos lo aparentaban— mas bien digo que eso no es amor; es simple y sencillamente adaptación, sincronía, conveniencia y algo de resignación. Porque, ¿Cual puede ser la preocupación de ese par mas allá de sus problemas senti/mentales? El puede estar tranquilo de que nadie le quiere bajar a su vieja, y ella puede dormir a pierna suelta sabiendo que el cabron no se anda cogiendo a dos o tres mas. Tienen la mitad del camino adelantado.

Y entonces fue cuando una posibilidad espantosa me salto a la cara.

¿Será acaso que la felicidad radica en ser feo?

Dios, nunca lo sabré, snif.


Yo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

siempre hay un charco para todo puerco... jajaja

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