viernes, diciembre 02, 2005

¿Quien soy yo?

Salí del elevador y ahí estaba ella. Mire primero su espalda y luego, cuando se dio vuelta, su cabeza agachada. Cuando por fin la levanto pude ver sus ojos. Justo al contrario de como paso la ultima vez que la vi, como si fuera una grabación en rewind. Aquel día me había mirado por última vez, había bajado la cabeza y luego, dándose vuelta, mire su espalda cuando se alejaba de mí.

Por un momento pude adivinar en su rostro la contrariedad de saberse descubierta, de la caída del telón. Pero luego supongo que todas las piezas volvieron a su sitio dentro de su cabeza y se recupero.

Me saludo como se saluda a los amigos que no se han visto hace mucho tiempo y de los que uno no ha sabido nada; con un poco de incomodidad y pena por encontrarse de pronto intempestivamente. La salude sin dejar de sonreír, al fin y al cabo, no era como si nos hubiéramos peleado a muerte, sencillamente, un día hizo lo que tarde temprano tendría que hacer: se fue con alguien más.

Me presento al que venia con ella, que obviamente no tenia idea de quien era yo. Buen tipo, amable, educado, alto y un poco soso, pero hey! ¿Quien soy yo para juzgar a los demás? Cruzamos un par de "quiubos" y luego, justo antes de caer en ese silencio incomodo o de empezar una estupida conversación plana, ella me pregunto como estaba yo. No se exactamente que fue, pero pude entender que su pregunta iba un poco mas allá de lo que en realidad aparentaba. Me preguntaba como me había ido después de aquello. Quería saber si me había hecho tanto daño como seguramente pensaba. Anhelaba una señal, una insinuación de mi parte que le permitiera deshacerse de los últimos resabios de culpa. Con esa inocua pregunta quería saber que había pasado en esos meses. Con ese "¿Como estas?" podría asegurar que me preguntaba "¿Aun me quieres? ¿Aun me extrañas?”

Y yo respondí —¿Que otra cosa podía hacer?— "Bien". Y ese "Bien", como ella claramente entendió, quería decir: "Bien, si en todos estos meses no te busque fue por algo. Si en este momento estoy parado aquí con una sonrisa en lo labios, platicando con tu novio, mirándote a los ojos y sin el deseo de tomarte de la mano y arrastrarte lejos de aquí, es porque estoy bien".

Ella acuso el golpe, supongo que no lo esperaba. O por lo menos, no esperaba una respuesta tan completa. Las cosas que mas trabajo nos cuentan aceptar son las que más fácilmente pueden ser expresadas después. A veces se pueden resumir horas, días, meses de pensamientos, sueños y esperanzas en una sola palabra. O eso creo. O eso quiero creer. En fin, ¿Quien soy yo para hablar de estas cosas?

Y entonces ella, como queriendo comprobar de una manera un tanto cruel si había entendido bien lo que había creído entender —si, confuso ¿no?— Me pregunto si quería tomar un café con ellos, ya que eso iban a hacer antes de toparse conmigo al salir del elevador.

"Claro!" Respondí con otra sonrisa. Ella sabia perfectamente cuanto odio el café, pero si necesitaba de algo así, adelante.

Y allá fuimos. Y nos sentamos. Y platicamos. Y fui, debo aceptarlo, tan yo mismo como pude. Y ella lo noto. Noto que no estaba fingiendo, que en realidad yo ya lo había superado, que lo de ayer era justamente eso, el ayer. Cada segundo que pasa nos aleja mas del pasado que algún día consideramos todo nuestro futuro.

Hablamos de muchas cosas y de nada, generalizamos y repetimos todas esas tonterías que se dicen en ese tipo de situaciones. Y me di cuenta de que él —al contrario de lo que alguien con más rencor que el mío hubiera esperado— era bastante ameno y buena gente. Me sentí bien por ella, después de alguien como yo, seguro merecía a alguien como él, ja, ja, y ¿Quien soy yo para dudar del karma?

Me entere de que tenían unos meses saliendo. Que él era contador y que ella aun trabajaba en la agencia de viajes. Así se habían conocido —aunque eso yo ya lo sabia— y que estaban planeando unas vacaciones en Cancún, la Rivera maya o algo así, en realidad no puse mucha atención. A veces sorprendía un brillo extraño en sus ojos al decirme algo, pero era solo momentáneo, así que le reste importancia y seguimos. El hacía comentarios breves y concisos, su sentido del humor no estaba muy desarrollado, pero esta bien ¿Quien soy yo para decidir que es gracioso y que no?

Luego, ella hizo la pregunta que yo estaba esperando desde hacia rato: "Y tu, ¿Estas viendo a alguien?". Por un momento dude si debería inventar una interesantísima y melosa historia llena de aventura y romance con alguien que hubiera conocido en una situación inverosímil, solo para hacerla sentir aun mejor, para despejar cualquier nube que aun pudiera ensombrecer su dicha presente, pero bah, al carajo, tampoco soy Gandhi, saben? Así que le dije la verdad: Que no, que llevaba un tiempo solo, ya saben, las mismas excusas de siempre. Pero tengo que decir, aunque no me lo crean, que en este caso eran verdad. Así me sentía bien, necesitaba pasar un tiempo solo, aunque solo fuera para hartarme de mi mismo y entonces si, sacar las tonterías de mi cabeza con las tonterías de alguien mas. Bonita cosa es esto de las relaciones; un sutil intercambio de estupideces ajenas por las propias. Por eso mismo también es tan divertido.

Ella me miro de nuevo con ese extraño brillo en los ojos. Yo no supe a que atribuírselo, así que de nuevo lo pase por alto. La conversación siguió por otro buen rato todavía. Reímos viejas carcajadas sobre cosas ya pasadas. Aquí debo aclarar que en verdad trate de no dejarlo afuera a él, como suele pasar en estos casos, siendo algo muy penoso para esa persona, y ¿Quien soy yo para andar haciendo pasar malos ratos a alguien que parece buena gente? Así que aunque —repito— reímos viejas risas, también sonreímos y —en mi caso— carcajeamos sobre nuevas cosas. Cosas que no eran de ella y mías, cosas que no nos pertenecían, pero que sin duda, ella algún día en esos meses pasados, imaginó como nuestras. Cosas en las que sobrepuso mis risas a las de él. Vamos, no es que me envanezca, pero pudo pasar ¿no?

Decidí terminar con aquella situación en un momento oportuno, para quedarnos todos con un buen recuerdo e igual sabor de boca. Me despedí de él con un apretón de manos y de ella con un beso en la mejilla, que me gustaría describir especial y mágico, pero no, lo siento. Yo sentí un beso normal y sin magia. Que se le va a hacer.

Termine mis asuntos ahí y regrese a mi casa por la noche. Al abrir la puerta me llego una fragancia que creía olvidada hacía tiempo. Pero de nuevo, siento decepcionarlos, era solo una jugarreta de mi imaginacion. Al parecer, llevaría en la cabeza el recuerdo de aquel encuentro un poco mas de lo que pensé.

Pedí una pizza, abrí una cerveza, encendí un cigarrillo y me senté a ver televisión. Al tercer cigarrillo sonó el timbre. Me levante con infinita lentitud preparándome para reclamarle los 30 minutos de tolerancia al repartidor.

Abrí la puerta mientras apagaba el cigarrillo en el suelo y al levantar la vista, ahí estaba ella.

Vi de nuevo ese brillo en sus ojos y entonces supe qué era. Se acerco y me beso largamente. Después me abrazo con fuerza, comenzaba a sollozar. La separe tiernamente de mi, mientras con un dedo sobre su boca callaba el comienzo de una innecesaria explicación, porque, después de todo, ¿Quien soy yo para cuestionar las razones del amor?



Fin.




Yo.

5 comentarios:

Gloria dijo...

Hola. Perdona que te haga un comentario en un post tan viejo, pero... van varias veces que dices que los comentarios te llegan a tu correo, así que esto es un poco como escribirte una carta. Hace mucho que te leo, de a poquitos... Voy en diciembre del 2005, apenas. Quiero leer todo tu blog, con calma. Nunca comento, no sé, no me gustan mucho ni tu horda de fans ni tampoco tus múltiples y envidiosos detractores. ¿Por qué comento ahora? No lo entiendo bien, pero hoy tenía ganas de decirte lo mucho que disfruto leyéndote. Me gustan particularmente tus arrebatos misántropos, tus reseñas de libros y tus historias azotadas. Y ya, basta con esta ridiculez.

Gloria dijo...

Hola. Perdona que te haga un comentario en un post tan viejo, pero... van varias veces que dices que los comentarios te llegan a tu correo, así que esto es un poco como escribirte una carta. Hace mucho que te leo, de a poquitos... Voy en diciembre del 2005, apenas. Quiero leer todo tu blog, con calma. Nunca comento, no sé, no me gustan mucho ni tu horda de fans ni tampoco tus múltiples y envidiosos detractores. ¿Por qué comento ahora? No lo entiendo bien, pero hoy tenía ganas de decirte lo mucho que disfruto leyéndote. Me gustan particularmente tus arrebatos misántropos, tus reseñas de libros y tus historias azotadas. Y ya, basta con esta ridiculez.

El fantasma de los ricos dulces de albaricoque dijo...

HAY HAY, YO TAMBIENTE LA QUIERO MAMAR PERO TAMPOCO COMENTO, NOSE PORQUE AHORA SI LO HAGO. BAH!

..UN MOMENTO? QUE VERGAS HAGO YO AQUI? SI ESTABA EN RECOLECTIVO LEYENDO A JAN NÓRVAK?

Luis Daniel dijo...

si cabron sigo sin vida, no la podre encontrar en tan pocos dias, ahora me encuentro con este post que no tiene madre ni abuela ni nada. Gran post huevo, de verdad, es bastante bello. Los demas son divertidos, "interesantes" (como dice aquel wey sin vida que no tiene nada que decir), es de lo mejor que te he leido en estas 2 semanas que tengo leyendote, toda esta perorata es de nuevo para escribir que esto es bellisimo.

PurpleK dijo...

Que loco, yo también soy como la Gloria de arriba. Descubrí tu blog a partir de recolectivo y ahora que tengo un poco de tiempo libre quisiera conocer todo tu blog.
Me encantan esste tipo de historias.
Esta en particular, me encantó.
Saludos, si alguna vez ves este comment, nunca lo sabré.

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