martes, enero 10, 2006

El Eterno Retorno


Este mismo mensaje, cambiando algunas palabras y términos, es el que invariablemente recibo después de un tiempo de relacionarme con alguien.

Algunas veces pensaron que era pose, otras —las mas— la famosa "coraza". Otras —las menos— que era sincero, que ahí no había nada mas para ellas.

Y es verdad. Y también triste —no para mí, en todo caso, me saca un suspiro de resignación—. Por lo menos intento ser lo mas sincero posible sin ser brutal al dejar eso en claro.

Porque nada me costaría decir "Si, yo soy lo que buscas, yo soy lo que necesitas, yo soy ese que pensaste que sería; soy el que viene a mostrarte que sin mí no eras tú. Si, yo soy". Nada me costaría a mí. Pero a ellas si. Y puedo ser muchas cosas, pero no esa.

Así que en lugar de decir todo lo que nunca digo, me limito a sonreír y aceptar lo que venga con mi odiosa actitud fatalista. ¿Que otra cosa puedo hacer? No me corresponde a mi andar cuidando las cicatrices ajenas. Menos ahora.

Algunas veces me gustaría hacerlo, hacerlo y que todo se vaya al carajo. Vengar mis heridas en carne ajena. Dejar un desastre a mi paso y que sea alguien mas el que tenga que recoger los pedazos. Apretar aun más el nudo gordiano y quitarles las espadas. Pero no lo hago, tal vez por cobarde, tal vez por apatía, tal vez porque la única clase de empatia —o algo así— que puedo sentir es esa.

A veces pienso en como me veían al final; como un dildo simpático con una cerveza en la mano. Y no me afecta, porque se que creen que yo veo en ellas su equivalente. Pero no es así, y ese es el problema. Porque desgraciadamente veo claramente a través de ellas, de lo que quieren, de lo que sienten y necesitan. Y se que si yo quisiera podría llenar y saciar todo aquello. Y eso es lo que supongo frustrante para ellas. Como si fuéramos en caída libre: ellas sin paracaídas, ansiando uno y yo sin querer abrir el mío, deshaciéndome de el incluso. Esa es la diferencia: ellas no quieren caer y a mi ya me es indiferente el impacto.

Así que cuando veían en mi esa mirada que se tan mía y preguntaban en que pensaba, yo solo sonreía y contestaba con un "Nada". Porque de haber dicho lo que pasaba por mi cabeza no hubieran entendido, no hubieran comprendido del todo lo que significaba decir: "Pienso en el momento en que te des cuenta que detrás de esta mirada, no hay nada para ti"

Después solo queda suspirar resignadamente, apagarlas y volver a comenzar todo de nuevo. El Eterno Retorno ad nauseum.

Aun no se cuando me convertí en un Ouroboros. Y aun no se si algun dia pueda dejar de serlo.



Yo.

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