martes, enero 24, 2006

Parking Rage

Yo, siendo la persona incongruente que soy, tengo en mi actuar algunas contradicciones realmente serias.

Por ejemplo, yo, que me quedo impávido y monumentalmente indiferente ante abusos y situaciones que indignarían hasta al mismísimo Satanás (Satanás no es como lo pintan, es un cabron bastante vapuleado por la critica -lean por ejemplo El Paraíso Perdido de Milton, para que vean que es hasta buen pedo- el problema, como con casi todo, como dijo no se quien, es que al buen Satanás lo han satanizado mucho...), puedo, por el contrario, explotar en un exabrupto Tourettiano ante nimiedades e insignificancias que hacen que, -frente a gente que no me conoce- parezca un desequilibrado mental, lo cual, por otro lado, no esta muy lejos de la verdad. *babeando y con tic*


Por ejemplo, me emputan las personas -el 110% de las veces mujeres en camionetas- que en un estacionamiento, llegan a su vehículo, abren la bolsa, sacan las llaves, levantan las llaves que se les cayeron, abren la puerta, avientan la bolsa, se suben, se acomodan la falda/pantalón/pañal para adultos/, cierran la puerta, voltean a ver todos los espejos, miran hacia abajo (nunca he sabido el por que de esto, pero el 87% lo hace, misterios del Universo) como si estuvieran revisando si las trompas de Falopio no se les olvidaron en algún lado, vuelven a mirar todos sus espejos, se estiran a buscar la bolsa que botaron cuando abrieron la puerta, buscan las llaves, siguen buscando las llaves hasta que se dan cuenta de que las traen en la mano, la meten al switch, miran de nuevo por todos sus espejos, encienden el auto, prenden las luces, apagan las luces, encienden los limpiaparabrisas, apagan los limpiaparabrisas, meten reversa, sacan reversa, quitan el freno de mano, miran por todos sus espejos, meten reversa, salen del cajón a .5 kilómetros por hora, se detienen a medio camino a meditar sobre la guerra de los Balcanes, cuando se dan cuenta de que ni siquiera saben donde están los Balcanes, siguen retrocediendo, salen por fin del cajón, buscan en el tablero el botón para bajar la ventanilla que obviamente cambio de lugar en el rato que bajaron al súper, encuentran el botón en la puerta donde siempre había estado, lo presionan hacia arriba 32 veces y creen que no funciona, lo presionan hacia abajo y se dan cuenta de que así funciona, sacan la mano, llaman al viene-viene, le dicen que se espere tantito, buscan de nuevo su bolsa en el asiento de a lado, la buscan debajo del tapete, la buscan de nuevo en el asiento de al lado hasta que se dan cuenta de que la tienen en las piernas, sacan el monedero, se les cae el monedero, levantan el monedero, sacan dos pesos, extienden la mano, le preguntan al viene-viene si sabe donde están los Balcanes, luego le preguntan por la familia, se despiden, miran por todos sus espejos, aceleran y frenan de chingadazo porque aun tenían la reversa puesta, sacan reversa, ponen Drive, miran por todos sus espejos y por fin se van muy tranquilas a chingar a su madre.

Todo esto ante la mirada atónita de los 26 vehículos detenidos que no deja pasar el viene-viene por dejar salir a la pinche vieja.

Así que yo veo totalmente comprensible, entendible y hasta justificable que brote de mi boca un catártico y sonoro: "MUEVETE HIJA DE TU PUTA MADRE!" Eso no es estar desequilibrado; eso es ser humano.

Y todo por dos pinches pesos.


Yo.

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