miércoles, febrero 22, 2006

Como se gana la vida: Tatuando.

...Cuando deje lo del hotel, regrese a la calle a vagar con mis amigos.

Hacia poco tiempo que había llegado a vivir un chavo a los edificios. Era medio raro, muy callado y siempre, aunque hiciese un calor infernal, traía manga larga y pantalones. Cuando se empezó a juntar con nosotros, con asombro descubrimos que estaba tapizado de tatuajes, en total tenia 18. Esa era la razón de que usara mangas largas; increíblemente, su mama no sabía que los tenía. (Un tiempo después lo descubrió en el baño, supongo que casi se infarta al ver el papel tapiz que era su hijo y lo corrió de la casa, jajaja, apenas tenia 17 años)

Nos contó que el mismo se había hecho algunos, y pues obviamente a muchos de nosotros se nos despertó el gusanito (que no habría de volver a dormir jamás) de tatuarnos. Y así comenzó la entintacion de los vágales de la calle.

En esos tiempos no había estudios de tatuajes profesionales en Querétaro. En el DF apenas empezaba a hacerse famoso el Piraña en el Chopo. Debido a esto, las maquinas especiales para tatuar eran una leyenda urbana. Tello (así le decíamos a este guey) tenia su maquina hechiza, estaba compuesta por una pluma, un tenedor, un motor de walkman con un engrane de plástico y las agujas eran cuerdas de guitarra (del #5, sin el alambre retorcido) afiladas con lija de agua. ¿Tintas vegetales? Bah, eran otra leyenda urbana: Usábamos tinta china, Staedtler, obviamente.

Y así, salvajemente, entramos en el mundo de los tatuajes.

Aunque eso de salvaje era relativo; algunos de los más maleantes de la calle traían tatuajes más salvajes aun, hechos con espinas de maguey o simples alfileres, así que la maquina del Tello era un paseo por el parque en comparación.

Yo empecé a juntarme mucho con el y siempre estaba ahí cuando tatuaba a alguien. Una de las desventajas de tatuarse con Tello era su completa inutilidad para dibujar algo decente; a veces se tardaba mas dibujando el boceto que haciendo el tatuaje en si. Por esa época, yo dibujaba mucho, o mas bien, como ya había comentado, copiaba mucho, y en mi mochila siempre traía mi cuaderno con mis porquerías. Mis amigos lo sabían, y un día, algún genio para lo obvio sugirió que yo dibujara el tatuaje y Tello solo lo tatuara. Y así empezó el dúo asesino.

Todo fue bien un par de tatuajes, hasta que un día, en el cuarto del Pollo y Boti (Tal vez los recuerden por pedaventuras como "Colon O Los perros comepollos" y "Taxido") chupando caguamas, Tello dejo sus cosas y se fue a ver no se que cosa, pero nunca regreso para tatuar al Boti, y este, que a veces se le iban las cabras, dijo:

-Pinche Tello, que se vaya a la verga. A ver pinche Huevo, házmelo tu.
-No mames, yo no se.
-Ohh, ya has visto un chingo de veces como se hace, no mames, y tú dibujas mejor, así que vas.
-Bueno, pero si la cago, no respondo.
-No hay pedo.

Y así fue como descubrí que chingon se siente tatuar a alguien. Parece pendejo, pero cuando te das cuenta de que estas haciendo algo que de una manera u otra perdurara sobre la piel de alguien, algo extraño sucede.

Y no se si fue porque en verdad yo era muy chingon (yo soy chingon para todo), pero el primer tatuaje me quedo bastante bien, era un pulpo que le cubría media pantorrilla al Boti.

Desde ese día, todos mandaron a la verga al Tello y jalaron conmigo. Este ni siquiera se emputo, al contrario, le quite un peso de encima y de hecho se hizo mi fan y le aumente dos tatuajes que ya traía.

Implemente mejoras en el equipo; cambie la pluma Bic (que no sabia fallar, pero si que sabia hacer batidillos de tinta) por una de metal. Al motor, que en un principio funcionaba a pilas, le puse un pedal que alguien robo de la maquina de coser de su mama. Las cuerdas de guitarra fueron reemplazadas por agujas de chaquira mucho mas finas y estables.



Las tintas, la super higienica maquina y el pedal.



Al principio tatuaba a todos mis amigos nomás por la practica, pero de pronto, estos le empezaron a decir a otros conocidos y se corrió la voz, y así me empezó a caer un poco de lana, que yo no me esperaba. Mis cuates seguían pagándome con caguamas u otras especias (llegue a recibir medio frasco de una loción Animal y de un Balenciaga, jaja), pero los demás si me llegaron a pagar hasta 400 pesos por tatuaje, que en esa época me alcanzaba para mantener mis vagancias.

Hubo momentos extraños y hasta peligrosos. Como yo siempre cargaba en mi mochila la maquina, nunca faltaba que en una peda saliera el tema y algún valiente se animara a rayarse ahí mismo. Muchas veces tatué en medio de una fiesta, rodeado de borrachos y parejitas fajando.

Cuando se ponía peligroso era cuando esto pasaba en las pedas de los amigos banda de mis compas, como cuando íbamos a Lomas, por ejemplo (colonia en donde hace tiempo mataban con tortillas duras), esos gueyes si estaban densos y entre broma y broma, mientras los tatuaba, decían que si no quedaba chido me cargaba el payaso. Una vez me toco uno bien pinche violento, que cada raya que hacia le ponía peros: "No mames! ¿Esa raya que chingados cabron?" yo nomás le decía que se esperara, que hasta verlo acabado se quejara. Afortunadamente quedo chingon y hasta me abrazaba al final, fiu.

Y como en todo, hice cosas buenas y cosas malas. Afortunadamente las porquerías que hice fueron las menos (una rosa a una vieja que al final parecía un maguey, jajaja) y las que, sinceramente, me quedaron chingonas, que fueron las mas.

Mi mama al principio se escandalizo, pero le preocupaba mas que me fuera a meter en un pedo, por tatuar a algún chavito pendejo y que sus papas armaran un desmadre, así que me dedique solo a mayores de edad o a menores que eran compas.

Ahh, y aquí si hubo pornoaventuras, o mínimo fajes. A dos viejas que tatué en el pecho y las piernas me las faje al final, como pago, ja. De esa época también fue esta historia, snif.

Después llego por fin un estudio profesional a Querétaro y como yo ya me había hartado (es bien pinche cansado, aunque no lo crean) al que me pedía que lo tatuara lo mandaba allá.

-Pero no mames, cobran bien pinche caro.
-Si cabron, pero quedan mucho mejor, además no quiero que después de que veas como los hacen allá, me vengas a reclamar a mi.


Y ya, al final debo de haber hecho unos 80 tatuajes en unos cuantos meses. Mi gran frustración es que yo podía tatuarlos a todos, pero a mi nadie me podía hacer lo que yo quería. Hasta que llegaron los estudios profesionales y por fin me hice la Garrapata.


En el próximo episodio de este culebron húngaro, el Huevo se convierte en la pesadilla de toda madre; dolor de cabeza de los peatones y blanco móvil de los automovilistas: Repartidor de Pizzas.



Yo.

1 comentario:

Arturo Sanchez dijo...

Hola me gustaría entrevistarte

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