viernes, febrero 17, 2006

Como se gana la vida: Telefonista.

...Cuando le platique a mis amigos que ya había mandado a la verga la escuela y que andaba buscando trabajo, como todas las demás cosas, les valió madres. Solo el Dani me dijo que si quería me podía conseguir chamba en el hotel Impala, (Zaragoza y Corregidora, —ver mapa—centro histórico, a un lado de la Alameda, arriba de la baqueta y abajo de una nube) donde trabajaba de Bellboy... de pinche Botones pues. Le dije que si, que viera que había para mi.

Al otro día me dijo que fuera a ver a un licenceado del hotel, así que ahí fui yo y mi —risiblemente— aseada persona.

No recuerdo bien la entrevista, pero supongo que mi carisma e increíble personalidad diciseisañera impresionaron al Lic... aunque supongo que peso mas el hecho de que el pinche hotel fuera de tercera y que tener a un adolescente trabajando en el conmutador les importara cinco kilos de reata.

Así que me metieron a un cuarto detrás de la recepción, en donde estaba un conmutador casi casi tan viejo como los que salen en las películas, en donde conectas los enchufes en un chingo de hoyitos. Lo chingon era que dicho cuarto tenia un ventanal de doble vista, como de película o motel barato, así que yo veía todo lo que pasaba afuera y nadie me veía a mi.

Casi siempre me tocaba el turno de la noche, que era el mejor, porque no hacia casi nada. Había pocas llamadas que conectar y lo demás lo hacían los recepcionistas; una vieja y un guey que no recuerdo como se llamaban, pero que eran a toda madre y me consideraban su hermano menor. Por eso me dejaban ir a jetear a los sillones de la recepción. En la madrugada salían los borrachos del bar del hotel y me despertaban. Como a esa hora no había botones, yo me rifaba y los llevaba a sus cuartos, casi siempre iban con putas y daban una propinotas, no se si por borrachos o por apantallar, pero con eso me alcanzaba para invitar los tacos o las tortas cubanas (frente a la alameda) todos los días en la mañana.

El licenceado que me contrato era poca madre, carrillero y desmadroso, le perreaba a todas las viejas del hotel, en esa época se andaba tirando a la de contabilidad. Tenia una Virago 250 que estacionaba en el sótano, desde ahí me enamore de esa moto, algún día tendré una. ~sigh~

Lo decepcionante es que no hubo niguna pornoaventura como yo ilusamente esperaba. Nunca me mandaron llamar para un room service pornografico; lo mas que llegue a ver, desde alguna ventana que diera al patio interior, fue a señoras gordas con brassieres talla DD, snif.

Después de un par de meses mi mama se puso roñosa porque nunca dormía en la casa, (aunque estuviera trabajando —y durmiendo— en el hotel) y como a mi también ya me estaba aburriendo, le di las gracias al Lic. y muy tristes, entre lágrimas y ataques de nervios, todos me dijeron adiós.

Regrese a la vagancia, y fue entonces que, gracias a la ineptitud de un amigo y mi habilidad dibujativa (bueno, no se dibujar, se copiar, hasta la fecha lo hago muy bien, snif) me convertí en artista (ja!) del tatuaje...

No se pierda el próximo episodio de esta sexi-magicomedia, en donde el Huevo tatúa por caguamas como pago y a veces nomás por salir indemne de pedas arrabaleras.


Yo.

1 comentario:

Tumeromole dijo...

todavía tatúas? dónde? de a cómo? ja... saludos.

Visitas

Seguidores

Busqueda.


Archivo del blog