lunes, febrero 13, 2006

¿Recuerdas?

Ayer estuve pensando en todos aquellos momentos que pasamos juntos, momentos indelebles, pirograbados en mi cerebro. Por lo menos en el mío, no se tu.

¿Recuerdas aquella vez que llegaste a mi casa sin haberme avisado? Abrí la puerta pensando que era Enrique, y te vi ahí, temblorosa, con una bolsa en la mano y el miedo en la otra. No dije nada, solo te abrace y te dije "Hola" al oído.

O aquella vez, que fuimos a desayunar a San Miguel de Allende. Caminamos por las callejuelas, entrando a todas las tiendas sin comprar nada. Yo inventaba historias sobre las casonas “Mira, ahí se escondió durante seis meses el abuelo de Nicolás Campa, que tenia tuberculosis y gota en la pierna”. Querías una foto con el percheron de las nieves, pero yo te decía que después no iba a saber quien era quien.

Y aquella cena en la Trattoria, en la que pase 40 minutos convenciéndote de que la lasaña no era un plato italiano, sino alemán, que los italianos se habían apropiado en la primera guerra mundial como parte de su alianza. Tú dudabas en creer todas mis idioteces. Como nos reíamos.

Y la vez del campamento en Michoacán, donde pase cuatro horas viendo el crepitar del fuego, absorto. Tu estabas a mi lado y estabas confundida, podía notarlo, no sabias si estaba molesto o si tan solo era uno de esos momentos. Yo no dije nada, no tenía nada que decir.

O cuando fuimos a Torreón, durante todo el viaje en carretera, tu acurrucada en el asiento de un lado mientras yo manejaba. No dejaba de hablar sobre todo lo que me venia a la mente, tu solo escuchabas y escuchabas. Me mirabas y yo sabía que en esa mirada había amor. O así lo sentía.

También recuerdo aquella noche que me pase en vela viéndote dormir, pensando en lo que decía Duritz: "It’s the breathing, it’s the breathing in and out and in and...", tu despertaste y me miraste confundida, te dije que no pasaba nada y volviste a dormir. Yo seguí mirándote hasta que el sueño me hizo ver visiones.

O la noche de aquella de mayo, cuando yo, ebrio y tambaleante, le aulle a la Luna como un lobo y tú reías y reías.

Y cuando te hable de mis demonios internos y tú llorabas lágrimas de miedo, de pena, de amor.

Y recuerdo perfectamente cuando fui a verte; llegue a la central de autobuses y te esperaba afuera, con una gorra, lentes y mi camellera como único equipaje. Mientras esperaba balanceándome de las puntas de los pies a los talones, te vi llegar por el reflejo de un ventanal. Fingí que no te había visto, hasta que estuviste muy cerca, entonces voltee y te sonreí, te quedaste petrificada, luego corriste y me abrazaste como nunca lo habías hecho, como nunca lo has hecho.

Recuerdos.

Pero tu, ¿Recuerdas? ¿Recuerdas todo eso?

No.

¿Y sabes porque? Porque nada de eso ha pasado.

Sucedió solo en mi cabeza, imágenes inconexas de momentos inexistentes, pequeñas películas producidas solo para mí.

Nunca ha sucedido, sin embargo, lo recuerdo, una y otra vez.


Fin.



Yo.

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