lunes, marzo 06, 2006

Años Luz

La claridad lechosa de la luna creciente ocultaba casi por completo el débil resplandor rojizo de Marte, que parpadeaba un poco arriba a la derecha. Por el este el cielo estaba despejado y en el brillaban las estrellas.

—¿Ves aquel grupo de tres estrellas en línea? Es el cinturón de Orión, con un poco de imaginación puedes ver su espada y el escudo. Y aquel trapezoide es Pegaso.
—¿Y aquel que parece un barco de papel?
—Eso es Sagitario, en esa dirección esta el núcleo de la galaxia. Aquello que parece un sartén es la Osa mayor, y aquel punto rojo y brillante es Antares, el corazón de Escorpión, puedes ver como su aguijón parece brotar del horizonte.

Fue señalando lentamente; Altair, Lira, Deneb, Vega. Como si con el solo hecho de nombrar una estrella pudiésemos poseer una parte de ella.

—¿Y Sirio? Se que es la estrella mas brillante, ¿Donde esta?
—No podemos ver Sirio desde este hemisferio.

Una sombra de decepción cruzo por su rostro, pero fue solo por un segundo.

—¿Sabes? Me gusta mirar las estrellas, siempre me han tranquilizado. Es como si uno supiera que pase lo que pase aquí abajo, en la tierra, ellas seguirán ahí, por siempre.
—No es así, algún día ellas también desaparecerán, nada es inmutable.
—Eso no importa, no sucederá en el curso de nuestras vidas, y mientras tanto, puedo seguir mirándolas, para mi, en cierta forma representan esperanza.
—¿Como es eso?
-Si, esperanza. No importa cuando ni como, ahí seguirán, y algún día podremos acercarnos a ellas, ser parte de ellas.
-No creo que eso sea posible. Para mi no representan esperanza, en todo caso, un poco de frustración.
—¿Porque?
—Porque no importa lo que hagamos; podemos mirarlas, estudiarlas, incluso podemos entenderlas, pero jamás nos pertenecerán. Están demasiado lejos de nosotros, en todos los sentidos. No importa que tan cerca podamos creer que estamos de ellas, jamás podremos tocarlas, sentirlas. Eso puede ser frustrante, supongo.

Ella permaneció en silencio. La noche estallaba en miríadas de puntos luminosos. No creía en lo que él decía, seguía pensando en la esperanza. Sin voltear a mirarlo, dijo:

—Si, muchas veces he pensando en ti como una estrella. En mi sentido y en el tuyo.
—Lo se.

Siguieron mirando hacia el negro tapiz que los cubría, deseando que Sirio apareciera por el horizonte.


Fin.



Yo.

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