miércoles, marzo 15, 2006

Como se gana la vida: Repartiendo Pizzas

Cuando estaba aburriéndome de tatuar, un día Dani, (el mismo que me había conseguido lo del hotel) me pregunto si no quería entrarle con el a Pizzeta, de repartidor.

—Pero no mames, no se manejar moto.
—Ohh, es bien cagado, mira, te explico. Este es el clutch, este el freno, estas las velocidades. Le aprietas aquí, le pisas acá y ya, aceleras.


Y así, en 15 minutos, aprendí la teoría del manejo de motocicletas.

Al otro día fui a la pizzería y hable con el gerente. Me pregunto si sabia manejar moto y yo dije "Uyy, claro, desde los 4 años", y ya, eso fue todo, me pidió que fuera a sacar mi permiso (tenia yo aun 17 años) y listo, que me presentara a trabajar al otro día.

Cuando llegue, en mi primer día, me pusieron a trapear y a lavar las tarjas, después, a amasar, que es una joda, (porque en ese tiempo, Pizzeta aun preparaba su propia masa, todo era mas artesanal) Luego a rayar el queso, cortar las carnes frías y por ultimo, lavar la moto que me habían asignado.

Cuando salio el primer pedido, Dani me lo dio y me dijo:

—Tu nomás trata de no caerte en esta calle.

Afortunadamente así fue, pude arrancar y salir de su rango visual sin darme en mi madre.

A la semana ya era un pinche As en motocicleta.

Siempre he dicho que la adolescencia no esta completa si no se ha sido repa. Uno se siente el dueño del mundo y de las calles, manejando vueltomadre y luciéndose con las viejas. (Si, a huevo, por mas pitero que suene, sigue siendo una moto, y andar en una nos ponía por sobre los demás pendejos de nuestra edad que nomás andaban en bicicletas)

Era un trabajo chingon, los sábados y domingos uno y apenas ponía un pie en la pizzería, todo el día era reparto tras reparto. Las propinas eran buenas (había una promoción de dos pizzas medianas y un pet de 2 lts. por 35 pesos, casi toda la gente pedía eso, Pagaban con uno de 50 y el 90% nos dejaban los 15 pesos de propina. Yo llegue a sacar mas en un día de propinas que de sueldo en una quincena) y aparte uno podía hacerse pendejo una considerable cantidad de tiempo.

A veces Dani y yo salíamos a repartir y de ahí nos íbamos a la colonia. ahí, nos la pasábamos dando arrancones y derrapones, haciendo caballitos y subiendo amigos para darles vueltas.

También, cuando estábamos aburridos, hacíamos pizzas para regalarlas a nuestras amigas o viejas, yo a cada rato le llevaba pizzas especiales a Tzolkin, snif.

Luego me cambiaron de sucursal, a la de Plaza de las Americas. Ahí el servicio a domicilio se daba un tiro con el de restaurante. Me cambiaron porque se les fueron varios de los repas mas antiguos. Así que de pronto, me quede como el mas chingon, y eso tenia sus ventajas. Yo escogía los repartos buenos y les dejaba los piteros a los nuevos.

—A ver...San Javier, Carretas y Quintas del Márquez me los llevo yo. Ten, tu llevate este de San Francisquito y este de Palmas. Y no se lleven el de Loma Dorada, yo regreso por el ahorita.

jajaja.

Se preguntaran si los pizzeros se pasan de verga con las pizzas...pues bien, digámoslo así; jamás hablen feo ni den poca o nula propina si son asiduos a una pizzería. Yo escupí un chingo de pizzas de culeros que no daban ni un peso de propina.

Una vez, estando surtiendo (preparando las pizzas) cuando llego al mostrador un mamoncete mamadito con una vieja bastante buena, el pinche mono payaso nos apuraba y se lucia mal pedo con su vieja, ya nos tenia hasta la madre. Nunca escupí tanto una pizza, de hecho, podría haber inventado una nueva especialidad, "Salami y Saliva especial" o algo así.

Obviamente, a los dos meses uno ya esta harto de pizza (bueno, en realidad yo nunca me harte, hasta la fecha sigo comiendo únicamente pizzas de Pizzeta), entonces hacíamos una o dos familiares e íbamos a las hamburguesas (las asquerosas, frente a Nijinsky) o a los tacos a cambiarlas, era el trato perfecto para todos.

Repartiendo no tuve accidente serios, solo me caí dos veces; una, por ir hecho la chingada me pase la calle a la que iba y me frene en seco, pero era empedrado y verga! la moto se me fue de lado y me quede en una pose que es muy habitual en los repartidores: la moto dando vueltas en el suelo, mientras uno hace de eje y pivote con un pie, porque no puede dejar de acelerar por tener agarrado el manubrio. La otra fue gracias (adivinaron) a una vieja pendeja, que se dio una vuelta prohibida. Frene, derrape y me le incruste de lado poca madre en su puerta trasera. A mi no me paso nada, porque la moto dio de lleno, rompiéndole el vidrio y desmadrando la lamina. La vieja ni se bajo, nomás saco la cabeza por la ventana y me pregunto:

—¿Estas bien?
—Si, nomás fue el golpe.
—¿Seguro?
—Si.

Y se arranco la muy hija de puta, jajajaja.

Regrese a la pizzería mentándole la madre con mis pizzas hechas mierda, snif.

De la pizzería y de los repartos tengo hartas huevoaventuras que hasta podrían merecer posts aparte, como la del David cuando se hizo mierda con un microbús, la de la leyenda del pizzero que voló de un puente, las viejitas que no me dejaban ir, la del Sr. Burns región 4 que daba propinas con monedas de 100 pesos...de los viejos. O la del pequeño detalle de que en esos dias yo ya traia el cabello largo y nadie lo sabia. Etc. etc. Pero ya mejor no le sigo por que nadie me cree, culeros.

En la pizzería estuve unos 6 meses, hasta que para variar, mi problema con las figuras de autoridad me orillo a mandar a la verga al encargado un domingo en la tarde, frente a un chingo de clientes. En mi defensa tengo que decir que no fue mi culpa, el hijo de puta me pidió "como amigos" un favor para hacer algo que yo no tenia ninguna obligación de hacer, y cuando me negué, me lo quiso exigir como jefe, obvio, lo mande al carajo, me quite la camisa y la gorra, se las deje ahí sobre el mostrador y me fui muy feliz a chingar a mi madre.

De ese tiempo también aprendí a dar propina siempre, no saben lo culero que se siente que te den puro dedo. Solo los que han dependido de una propela saben a que me refiero, snif.



Yo.



En el próximo capitulo de este documental del Animal Planet, el Huevo se convierte en "Técnico Serigrafista", que es un termino en sánscrito antiguo que significa: "Persona que apesta a cloro y tiene las manos manchadas de tinta"

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