jueves, marzo 30, 2006

Como se gana la vida: Serigrafista

Cuando deje la pizzería, regrese a mi antigua profesión de aplanacalles. (Que no será remunerada, pero ayuda a que la Tierra sea un lugar más parejo para vivir)

Un amigo, Memo la Liendre (era güero, chaparro, flaco como biafreño y feo como su chingada madre), vivía en los edificios de enfrente. Sabia de serigrafía, venia de México y allá trabajaba en un taller. Ya estando aquí compro todo lo que necesitaba y en el patio trasero de su casa empezó a chambear. Hacia mas que nada tarjetas de presentación, artículos publicitarios (encendedores, ceniceros, vasos, plumas) y playeras.

La Liendre me ofreció chamba, ayudándole con todo lo relacionado al dibujo e ideas para las playeras (me había visto tatuar), y yo dije ¿Porque no?

Así que imprimimos mis tarjetas de presentación, que tenían, debajo de mi nombre, un flamante "Técnico Serigrafista". Ja. Yo de serigrafía nomás sabia lo que le había visto a hacer a ese guey, pero poco a poco fui aprendiendo a diseñar los negativos, revelar las mallas (las mallas son unos marcos de madera con una duh malla, que deja pasar la tinta para imprimir) y embarrarme de tinta en el pulpo. (El pulpo es un animal con diez tentáculos [cuando por defecto genético nace con dos de mas] que habita en el mar y devora hombres y sirenas. También expulsa una tinta por el culo que sirve para muchas cosas, pero hasta la fecha nadie sabe para cuales. También es un aparato de serigrafía que sirve para imprimir varias capas de colores sobre una superficie y que tiene un vago parecido con el animalejo ese)

Trabajábamos desde temprano hasta media tarde, cuando ya no teníamos lugar para poner mas tarjetas a secar entre tinta y tinta. Había veces que teníamos charolas llenas de tarjetas en las recamaras, el baño y hasta dentro de la estufa. Ya como a las cinco llegaba toda la banda y nos poníamos a jugar domino o cartas. Fueron largas noches de apostar tazos (cada tazo costaba 50 centavos) y de quedarnos pobres. Hubo quienes llegaron a ganar 200 pesos así.

Con la Liendre vivía su vieja, una güerita bonita y bastante buena. Todos suponíamos que la Liendre cogia como Ron Jeremy, porque de otra manera no nos explicábamos que hacia con el. Aparte de todo, para acabarla de chingar, era a toda madre. Mientras trabajábamos, ella nos daba de comer y nos echaba la mano lavando las mallas. Cuando en las noches llegaba la banda, ella jugaba también y jamás ponía jeta ante nuestras guarradas...chale, dejen voy a buscarla a ver si ya dejo a ese cabron, snif.

Bueno, el pedo fue que como a los cuatro o cinco meses la Liendre se asocio con otro guey, que compro mas equipo. Su vieja se fue de vacaciones a su casa, en Aguascalientes y yo me tuve que chingar lavando todas las putas mallas y los raseros.

Han de saber que la única manera de quitar la tinta y los negativos de las mallas es con cloro, un chingo de cloro. Así que toda la puta tarde me la pasaba con las manos metidas en guantes de plástico tallando las chingaderas esas. Después de haber desmadrado la mitad de mi ya de por si desmadrado (y escaso) guardarropa, me conseguí un mandil de tela negra y gruesa, con el que parecía carnicero.

Después de dos semanas de andar apestando a cloro todo el día y de traer ojos rojos de mariguano, ya estaba hasta la madre. Además, la Liendre estaba empezando a tener pedos para variar con su socio, y el cabron me cargaba la mano a mí, que era al que tenía mas cerca.

Hasta que un día se me acabo el cloro.

Oye cabron, ya no hay cloro.
Pues ve por mas, no seas huevon.
No mames, tu no estas haciendo nada y yo tengo las manos empapadas, no seas cabron y ve.
Ni madres, ahora vas y también me traes un pinol que trapees tu desmadre.
Jaja, si cabron, ¿No quieres otra cosita?

Tengo que aclarar que aunque la Liendre era "mi jefe" en realidad solo me llevaba un par de años y lo mas importante, éramos cuates mucho antes de trabajar juntos, en la calle todos éramos iguales. Y de pronto que este guey agarra una pose de "yo mando" que nunca había tomado conmigo, nomás porque estaba emputado. Una cosa es el trabajo y lo respeto, pero otra es pasarse de verga nomás porque si.

No es broma cabron, apúrate.
Vete a la verga.
Ve cabron.
Que te vayas a la verga.

Me quite el mandil y me salí.

Camine 20 metros hasta la calle y me senté en la banqueta donde todos nos juntábamos. Estaban todos los demás, y cuando me vieron salir tan temprano me preguntaron que hacia ahí.

Nada, mande a la verga a la Liendre.
Ahh, cámara.

Y ya, eso fue todo, así éramos los amigos en esa época.

Ya en la tarde salio la Liendre y se aplasto con nosotros, ni el ni yo dijimos nada, pero ya no regrese al otro día. Como dije, en la calle todos éramos iguales, de hecho, ni siquiera nos emputamos, seguimos tirándonos mierda como siempre y jugando cartas en su casa.

Y seguimos preguntándonos que chingados le veía su vieja.


En el próximo tomo de esta enciclopedia Zoológica, el Huevo se introduce al misterioso mundo del subarrendamiento de maquinitas de farmacia.



Yo.

2 comentarios:

 Zahit Rios dijo...

¿Que paso con la vieja de la Liendre?
¿Lo dejo?
¿Por que era su novia?

Yazbek dijo...

Una experiencia bastante útil para todos aquellos que queremos empezar en está profesión, a veces no hace falta solo tener todo para el serigrafista si no también otros factores bastante importantes!

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