viernes, abril 07, 2006

El sueño de Ballard.

Los parpados pesan una tonelada. Levanto la vista y ahí esta, una enorme esfera ardiente, creciendo a cada segundo. Oleadas de calor barren todo en un radio imposible. La tierra requemada se cubre de pequeñas partículas de polvo que después de bailar por una fracción de segundo, arden en una microscópica llamarada.

Miro de nuevo hacia el infinito. La línea del horizonte baila sobre un lago de fuego. Los parpados pesan cada vez mas. Trato de poner en orden una idea, imposible. Lenguas invisibles y ardientes lamen mi cuerpo, que comienza a absorber mas y mas calor.

Después de un intento hercúleo, cierro por fin los ojos. Me sumerjo en una luminosidad blanco azulada. Siento como mi pensamiento se vuelve cada vez mas disperso, hasta que el cerebro reptilico toma posesión por sobre todo lo demás. Después de un segundo que dura lo que otra explosión ardiente, abro de nuevo los ojos. Hay algo raro, mis parpados se mueven transversalmente. Miro mi brazo cubierto de escamas. A lo lejos, una selva lujuriosa abarca todo mi campo de visión.

La piedra sobre la que descanso arde como una brasa. Levanto la vista y ahí esta, la misma bola de fuego que crece y crece cada vez mas. Pulsa y se estremece, con cada latido el calor aumenta y boqueo instintivamente. Bajo la roca un espejo de agua refleja el incendio del cielo. Repto hacia ella y lentamente me sumerjo en el fuego liquido.

Sueños primigenios nublan mi embrutecida mente, imágenes difusas se evaporan sobre la inmóvil superficie. Mis ojos arden al contacto con el agua y los cierro de nuevo. Respiro el liquido hirviente. Millones de lanzas igneas perforan mis pulmones.

Retrocedo mas eones, mi mente se dispersa aun mas. Un trilobite nadando en aguas primigenias. Me dejo arrullar por las olas; una pequeña partícula browniana desecándose bajo un sol infernal.

El agua retrocede, se evapora. Descanso sobre el lecho marino, que en un instante se convierte en una tierra yerma, agrietada, polvosa.

Aun sin ojos puedo ver que el gran globo incendiado que cuelga del firmamento adquiere dimensiones ciclópeas. Ya cubre la mitad del cielo. Crece mas y ya toca ambos horizontes. Abrasa todo.

Mis átomos se agitan, se comienzan a separar. Con un ultimo esfuerzo siento como el monstruoso Sol se abalanza sobre mi. Ya sin voluntad, anhelo hundirme en el y esperar eternamente para que en un ultimo alarido, me expulse de nuevo hacia el frío, hacia la reconfortante nada.

Ardo. Ardo y duermo.

Luego despierto confundido. Mis parpados pesan. Miro hacia arriba y ahí esta, violento, pequeño y distante, pero ya no me impone. Se que algún día se enfriara. Y yo también.



Yo.

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