martes, abril 11, 2006

Rituales Auditables.

Según mis entendederas, los auditores son unas personas muy feas y muy gordas frente a las cuales las personas se desviven en atenciones, pero en cuanto se voltean, les mientan la madre.

Dicha descripción es muy vaga y confusa, ya que dentro de ella podríamos meter también a la policía, los jefes de obra, los empleados de catastro y los valuadores del Monte de Piedad.

La fenomenologia de las auditorias podría abarcar 26 tomos sin márgenes, pero podríamos asegurar que hay rasgos generales y sempiternos que todos podemos reconocer.

Por ejemplo, un jefe malencarado y autoritario se vuelve un gatito juguetón frente a un auditor, no importando que este sea prognata, oligofrénico y huela a col agria. El jefe malencarado le dedicara palabras melosas y promesas de amor eterno en cuanto entre a la oficina.

También las auditorias tienen el curioso efecto de hacer aparecer de la nada procesos y seguimientos desconocidos por todos los afectados. Por ejemplo, cuando un auditor pide cierta información, o pregunta sobre cierta cláusula en algún contrato, el jefe malencarado de pronto se vuelve un jefe creativo y le pregunta muy serio al ayudante mas cercano:

Oye Juan, ¿Comprobaste que la fianza del contratista estuviera registrada en Deuda Publica?

Si aquí Juan no capta inmediatamente por donde va su jefe y en lugar de decir:

Si jefe, me quedaron de mandar las copias certificadas en cuanto el notario regrese de sus vacaciones en Moroleón.

Dice algo como:

¿Eh? ¿Cual fianza?

puede irse bajando los pantalones y ponerse vaselina.

Supongo que existe alguna oscura relación entre la ingesta de frituras y bebidas gaseosas y la disminución de las observaciones que los auditores levantan. Dicha relación también debe de implicar la regular ingesta de copiosas cenas y bebidas alcohólicas, pagadas, por supuesto, del presupuesto.

Para los que vemos los toros desde la barrera, los ritos de las auditorias son misteriosos, crípticos y un tanto siniestros. Mirando el vaso medio lleno, es mejor que a uno, en lugar de fincarle responsabilidades, sin deberla ni temerla, le finquen nomás malas caras después de un round auditorezco.



Yo.

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