martes, mayo 16, 2006

Buba Bendiga a Erasmo.

Ayer fui a México y a 100 metros de la caseta de Palmillas, el auto chingo a su madre.



Después de que la grúa lo llevo a un taller en Tepeji del Río, resulto que la banda de transmisión se rompió, lo que hizo que el cigüeñal y el árbol de levas se salieran de tiempo, ocasionando con esto que los pistones le dieran en su madre a las válvulas, en este caso, nomás a 6, snif.

Todo esto no quedo claro hasta las 6 de la tarde, hora en la cual, viendo que el auto no quedaria ese dia, el mecánico me llevo a la caseta, para de ahí tomar un camión o algo que me regresara a mi pueblo.

No mamar, ni Primera Plus y menos ETN se detienen ya en la caseta; ya no los dejan los federales, así que solo me quedaba irme a la Central del Norte, con lo cual perdería la friolera de dos horas nomás para volver a pasar por el lugar en el que ya estaba.

De la oficina me ofrecieron mandar a otro guey por mí, pero salía casi la misma; mínimo se iba a tardar hora y media en llegar ahí, así que no me quedo de otra mas que intentar un último y desesperado recurso.

Camine a la gasolinera y empecé a estudiar a los especimenes. Ninguno me parecía el adecuado. Hasta que vi a un chaparro gordito bajarse a la tienda. Cuando salio, le dije:

-Buenas tardes. Oye, una molestia, ¿Pasaras por Querétaro?...
-Si, ¿Quieres un aventón?
-Te lo agradecería un chingo.
-No hay pedo, súbete.

Por un momento me sentí una ramera, jaja. No, en realidad, yo traía suficiente dinero en viáticos como para pagarle todo el viaje. De hecho, me ofrecí pagar las casetas y llenar el tanque de gasolina, pero no quiso, el también traía viáticos, juar.

Y resulto que se llamaba ni mas ni menos que Erasmo.

Buen pedo el chavo, de hecho, muchísimo. Por ejemplo, yo no hubiera hecho lo mismo, y no por miedo u ojetes, sencillamente, no me gusta tener platicas planas con desconocidos. Es demasiado incomodo y mejor me lo ahorro.

Pero me cae que si le agradezco un chingo a Erasmo por su buena obra del día. Platicamos pendejadas durante la hora y veinte de trayecto, no tuvimos ningún silencio incomodo y hasta resulto que teníamos conocidos en común, go figure. Me dejo a una cuadra de la oficina y nos despedimos con la promesa de no volver a vernos jamás. No chinguen, tampoco era para tanto.

Pero dejando a un lado lo increíble de que todavía haya gente que se anime a llevar en su auto a un desconocido, toda la odisea, casi valio la pena (y digo casi porque aun no termina y se va a poner nefasto lo de la compostura del vehiculo) por dos cosas que vi en el taller.

Primero, al Mecánico del Amor; El Chino:


No mamar, tenia una greña ochentera que hubiera puesto verde de envidia a Mel Gibson en Arma Mortal. Casi casi podía imaginarlo con tacuche llevando a su gorda hacia la pista, dispuesto a acabar con todo el repertorio cumbianchero del DJ Cumbia.

Y luego, la autentica y original Oración del Mecánico:








¿A poco no le dan a uno ganas de caer de rodillas en un arrebato místico nomás de imaginar todas las penurias por las que tienen que pasar los pobres y pios mecánicos? Por ejemplo, tomemos esta perla:

"Líbrame de clientes mulas y de manuales en ingles que no puedo entender"


Aquí podemos imaginar al Chino ojeando un manual de la Chevrolet, tratando de descifrar, a punto de las lagrimas, que significa: "The valvetrain consists of valves, rocker arms, pushrods, lifters, and the cam shaft. (shown in above picture in blue, yellow, and green) The valvetrain's only job is that of a traffic cop."

Pero el arrebato místico desaparece en cuanto recordamos que por cambiar la banda y desarmar la tapa de las punterías, el mecánico monolingüe cobrara 2800 pesos.

Afortunadamente, el dinero que ira a parar a sus santas manos, no saldrá de mi santa cartera, fiu.


Yo.

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