miércoles, mayo 03, 2006

The Dark Side of Getting Older

El otro día tuve que salir y utilice un vehículo de la empresa que esta asignado a uno de los gerentes. Ha de andar por los 35 años de edad. Cuando encendí el estereo algo extraño salio de las bocinas. Saque el disco y resulto ser de los Backstreet Boys. Lo juro. (Eso aunado a cierta conversación que tuvimos alguna vez confirmo la opinión que tenia de el)

Hoy aborde un taxi. El conductor —muy amable— pasaba de los 40 con holgura. Era regordete, con una calva bastante avanzada y lentes con montura dorada. Todos lo hemos visto alguna vez; es el papa de alguna adolescente con la que salimos; el esposo de una señora gorda que vende tupperware o el contador que los domingos se sienta con una caguama a ver el fútbol.

Justo cuando me disponía a abrir mi libro, encendió el estereo. Al principio no puse mucha atención, pero a los pocos segundos, intrigado, tuve que levantar la vista de las paginas. Me quede un momento esperando que cambiara el disco o que bajara el volumen, pero no. No se había equivocado. De hecho subio el volumen.

Venia escuchando a Pink Floyd.

Eso no tendría nada de especial. Seguro que en su juventud fue fan acérrimo. Pude imaginarlo con pantalones de campana sentado en una sala a la Mauricio Garcés escuchando el "Wish You Were Here" mientras le metía mano a una chava.

Pero otra cosa me llamo la atención. En el pequeño compartimiento debajo del estereo traía mas discos —todos originales— y puede ver cuales eran: otro de Pink Floyd (Meddle), Springsteen...y uno de Nine Inch Nails y otro de P.J Harvey.

Tuve que mirar con otros ojos al taxista; trate de imaginar a ese señor que se sienta a ver el clásico América-Chivas mientras su esposa hojea un catalogo de Avon; a ese Don que abre la puerta cuando un mocoso va a buscar a su hija; a ese señor que hubiera apostado escuchaba a Vicente Fernández; tuve que imaginarlo escuchando las perversiones de Trent Reznor o los pujidos de *sigh* P.J. Harvey.

Automáticamente, en mi mente puse al taxista a años luz de distancia del gerente en todos los aspectos. He ahí la diferencia, por un lado, de estancarse en lo que una vez fuimos y por otro, de aceptar que el mundo de la música no acabo junto con nuestra adolescencia. Porque se necesita realmente amar la música y tener huevos para no ceder a estupidas convenciones sociales que dictan que a cierta edad uno ya no puede oír ciertas cosas. A la mierda con eso, si el taxista tiene hijos, pueden considerarse afortunadísimos.

Ojala yo, algún día, dentro de muchos años, siga escuchando a Nirvana, pero también a los grupos que en ese momento, estén marcando su diferencia.



Yo.

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