martes, mayo 02, 2006

Solo un grano de arena.

Jürgen se materializo en el centro de la plataforma, a un costado de la sala de navegación.

Lörgeer, el primer oficial a cargo de la navegación, lo miro apreciativamente durante un momento, un poco sorprendido por la burda casaca de piel que cubría su sucio torso.

—Esta vez te ha llevado casi un mes Jürgen. Espero que haya valido la pena, estas hecho un desastre.

—Tenia mucho que explorar Lörgeer. Valorar correctamente un nuevo mundo no es cosa que deba tomarse a la ligera. —dijo mientras bajaba de la plataforma y se desprendía del saco de su espalda.

—No lo pongo en duda. Lo único que cuestiono el método tan poco ortodoxo que tienes para explorar un nuevo mundo. Tenemos autopods, planeadores atmosféricos, hovercrafts graviticos. Por dios, incluso tenemos las sondas holográficas, que pueden reproducir dentro de la nave cualquier zona del planeta que desees.

—Lo se, pero ni sobrevolar a Mach 5 ni moverse a través de un holograma podrá compararse nunca con recorrer una tierra como lo ha venido haciendo el hombre desde el alba de los tiempos. —respondió Jürgen mientras se dirigía hacia su privado.

—Lo que tu digas, al fin y al cabo, tu eres el que viene tan bronceado como un zarek. Parece como si hubieras estado flotando al rededor de una enana blanca. —dijo Lörgeer volviendo hacia sus controles. —Por cierto, Wödan ha estado llamando cada dos horas durante los últimos tres días. ¿Que quieres que le diga?

—Solo dile que mi reporte estará listo en un par de días. Mientras tanto, puede seguir molestando a otro Explorador menos agotado. —dijo Jürgen desde el pasillo que comunicaba con los compartimientos de la tripulación.

Bew Jürgen era el explorador en jefe de una de las muchas expediciones que el Núcleo mandaba por toda la galaxia. Su trabajo consistía, básicamente, en analizar, catalogar y emitir un reporte sobre los planetas encontrados en el sector al que fuera destinado.

Lo que hacia diferente a Jürgen de la mayoría de los Exploradores en jefe —como su primer oficial hacia notar constantemente—, eran la forma en que llevaba a cabo su labor. Los protocolos establecían los métodos a seguir, casi todos ellos automatizados, y estos eran cumplidos al pie de la letra. Pero una vez terminados estos, Jürgen tenia completa autoridad para hacer lo que considerara necesario. Y lo hacia.

No era raro que pasara una o dos semanas en un planeta. Solo, sin mas equipamiento que unas cuantas chucherias reglamentarias, que siempre llevaba en un bolso cuasi-indestructible, equipamiento oficial de cualquier Explorador del Núcleo. A veces se metía en serios problemas, pero siempre podía teletrasportarse a la nave en cualquier momento. Muy pocas veces esto era necesario, los planetas que eran asignados a una expedición exploradora invariablemente carecían de vida inteligente. Esos eran dejados para otro tipo de expediciones, llamadas "de Contacto", una división completamente diferente del Núcleo.

Pero era raro encontrar planetas como Corillion. Tenia todas las ventajas de un planeta terraformado y casi ninguna de sus desventajas. Había muchos planetas similares por toda la galaxia, pero nunca había encontrado uno tan hermoso. Fue por eso que no le costo trabajo tomar su decisión.

Un explorador no era un simple miembro mas del Núcleo. Hacia mucho tiempo, los Exploradores habían salvado a la raza humana de la aniquilación por sobrepoblación. Ellos fueron los primeros que viajaron al espacio y se aventuraron en nuevos planetas. Los métodos de exploración en esa época eran burdos e ineficientes y solo uno de cada cuatro exploradores sobrevivía. Aun así, lograron encontrar nuevos mundos y la humanidad pudo expandirse por media galaxia.

Fue así que los Exploradores alcanzaron un elevado rango dentro de la jerarquía espacial. Su trabajo, aunque ya no era tan peligroso como en el pasado, seguía teniendo sus bemoles. Pero las recompensas y compensaciones eran igualmente elevadas. Sus veredictos, por ejemplo. Nadie cuestionaba la decisión de un Explorador. Su palabra en cuanto a las recomendaciones de los planetas que exploraban, era ley. La civilización galáctica agrupada bajo el Núcleo sabia esto y lo respetaba.

Jürgen entro en su cubiculo de espartana funcionalidad. Había una unidad regenerativa que hacia las veces de cama y medikit. Una pequeña mesa con tres sillas y una terminal del ordenador principal. Una pared completa era una pantalla que en ese momento mostraba un hermoso globo brillante de color azul-morado flotando en un mar de estrellas. La escena hubiera sido incomoda para alguien no habituado a las imágenes holográficas. Era inquietante estar en una habitación con tres paredes sólidas y una cuarta que daba directamente al abismo negro de Universo. Sus ropas, gastadas y sucias, contrastaban fuertemente con el brillante metal y la suavidad lechosa del plástico que conformaba su habitáculo. Se desnudo y se dio un baño químico, para acto seguido someterse a una cascada de rayos ultravioleta, que acentuó aun mas su bronceado. Luego se enfundo en un sencillo mono azul marino, distintivo de los Exploradores.

Cuando se disponía a ordenar la información que poseía para rendir su informe al Núcleo, llamaron a la puerta. Era Lörgeer. Sin esperar una respuesta, abrió y se introdujo en la habitación. Se acerco una silla y se sentó, con los brazos cruzados.

—Jürgen, creo que deberías pensarlo mejor. —dijo preocupado.
—¿Pensar mejor que cosa? —respondió distraído Jürgen mientras se sentaba en otra silla.
—Tu informe, estoy seguro que piensas vetar a Corillion. No creo que sea justo.
Jürgen miro interesado a Lörgeer, levanto una ceja y pregunto:
—¿Justo para quien?
—Para el Núcleo, para la Expansión, para todos nosotros. Creo que es un tanto egoísta de tu parte. O tal vez muy egoísta. Corillion es un mundo perfecto para el Núcleo, no necesita terraformacion. Prácticamente, solo tenemos que llegar y establecernos. Oportunidades como estas se dan muy pocas veces. Se muy bien de tus privilegios como Explorador en jefe, pero te pido que lo pienses mejor.

Jürgen entrecerró los ojos, como lo había hecho tantas veces al mirar los explosivos crepúsculos de Corillion. Luego se adelanto un poco en su silla y miro directamente a Lörgeer.

—Te voy a contar una historia. No se si hayas escuchado sobre Altaír 9, o mejor dicho, sobre Trevanya.
—En la academia vimos algo sobre ello, pero mis intereses en esa época estaban en otro lado. —respondió un poco avergonzado Lörgeer.
—Esta bien, no importa. Es historia antigua, de los comienzos de la Expansión. Trevanya era un planeta muy similar a Corillion. Orbitaba alrededor de Altaír 9, a unos cuantos pársec del Sol. Los Exploradores lo encontraron cuando en la Tierra aun reinaba la histeria de la sobrepoblación y sobreexplotación de los recursos naturales. Para ese entonces ya había unos cuantos planetas habitados, los de la primera onda colonizadora. Pero eran planetas agrestes, inhóspitos. Terraformalos era duro, peligroso, y sobre todo, requería de mucho tiempo. Trevanya fue como un milagro caído de las estrellas.

Cuando los hombres llegaron a el, se maravillaron ante su belleza y sus hermosas diferencias con la ya sobrecargada y —francamente— poco atractiva Tierra. Y lo colonizaron. Al principio llego una cantidad relativamente pequeña de colonos. Trataron de respetar el natural equilibrio del planeta. El problema comenzó cuando llegaron cada vez mas y mas personas a Trevanya, atraídas por la promesa de una tierra nueva y maravillosa. El planeta fue cediendo cada vez mas terreno, hasta que llego un momento en que hubo de tomar una decisión; O se frenaba la expansión o Trevanya se convertiría en una nueva Tierra.

Como era de esperar, la opinión publica se dividió en facciones. Los mas extremistas abogaban por la completa industrialización del planeta, proponiendo la maximización de los cultivos hidropónicos, así como la desecación de océanos para la extracción de minerales. Los conservadores —que en su mayoría eran descendientes de los primeros colonizadores y sentían como un deber la protección del planeta— proponían una política de migración hacia los nuevos mundos que para ese entonces los Exploradores del Núcleo habían encontrado. Como ninguno de estos planetas tenia las ideales condiciones de Trevanya, la discusión llego a un impasse.

La historia en este punto se vuelve poco confiable. Se dice que algunos de los mas reaccionarios de ambos bandos —inclusive se habla de otros intereses ajenos a estos— decidieron llevar al extremo la filosofía de Salomón.

—¿Quien? —pregunto confuso Lörgeer

—No importa. Decía que los registros se vuelven confusos. Al parecer fueron reescritos una y otra vez, seguramente para convertir en héroes a villanos y viceversa. Lo importante es que en un momento dado, alguien decidió que si Trevanya no era de ellos —quienquiera que fueran ellos— en sus términos, no lo seria de nadie.

—Pero eso es ridículo, estamos hablando de un planeta entero, no de un asteroide o un cometa. —replico Lörgeer.

—Aquellos eran tiempos de locura. A nuestros ojos, que han visto mejores días, nos parece descabellado. Pero para ellos, eran tiempos que pedían medidas desesperadas, aunque estas estuvieran basadas en decisiones incorrectas. Lo que se pudo sacar en claro de los registros que se pudieron rescatar, es que de algún modo, volvieron al planeta inhabitable. Radiactivamente inhabitable.

—¿Como lograron algo así? ¿Bombas termonucleares? ¿De litio?

—No, al parecer usaron algún tipo de acelerador nuclear, o varios, al rededor de todo el planeta. Aceleraron e incrementaron la radioactividad de los elementos pesados de la corteza del planeta. El cambio fue gradual, no eran asesinos. Tuvieron suficiente tiempo para dejar al planeta y desperdigarse por los nuevos mundos. Y luego paso algo curioso. Se creo una especie de tabú, ya que nadie hablo de lo que paso. Supongo que la vergüenza que les producía el haber sido expulsados de nueva cuenta del paraíso —y esta vez por su propia mano— contribuyo a su silencio. Ahora Trevanya es un mundo muerto y reseco que brilla con un leve fulgor mortalmente radiactivo. Y así seguirá.

Jürgen miro pensativo hacia la pantalla, en donde el globo luminoso seguía su curso inalterable a través del espacio, ajeno a los problemas de los humanos.

—Es una historia triste. —replico Lörgeer. —Pero sigo sin ver la relación de todo ello con Corillion y tu veto. Ya no estamos en esos días. Esa locura ha sido extirpada. Ahora los hombres comprenden y valoran los mundos y su ecología. Como tu, por ejemplo.

—Es sencillo —contesto Jürgen, saliendo de su ensimismamiento. —La humanidad muestra un patrón, eso lo saben los estudiosos de las dinámicas sociales desde hace miles de años. Ni toda la adaptación que hemos tenido durante los siglos de la Expansión ni el explosivo desarrollo que hemos vivido bajo el Núcleo, pueden contra el condicionamiento genético que hemos sobrellevado durante millones de años. El ser humano es gregario por naturaleza. Salvo casos aislados que no importan en conjunto, se siente desvalido si no esta rodeado por sus semejantes. En muchos casos, ha llevado esta necesidad de compañía hasta extremos psicoticos. Los mundos del sector Palladrian, por ejemplo, que son unas autenticas colmenas humanas, aun teniendo terreno suficiente como para, si así lo quisieran, tener que viajar kilómetros para ver a un semejante.

Cuando el hombre, guiado por su instinto nómada, curiosidad o incluso necesidad, encuentra nuevas tierras mas allá del horizonte, cae en los mismos errores que ha cometido durante toda su historia. Ese es el problema; el hombre, en lugar de adaptarse el medio —como lo hizo cuando comenzó a andar en dos piernas— hace que el medio se adapte a el. Y esto no es solo en términos ecológicos; el hombre incluso hace que el medio se adapte psicológicamente a el. ¿Como hace esto? Sencillo: en cuanto dispone de los medios, reproduce casi al pie de la letra todas las condiciones sociales del ambiente del que emigro. Esto lo podemos ver en la historia de la misma Tierra, ¿Que hicieron los ingleses cuando cruzaron el atlántico? Mataron indígenas, exportaron esclavos y comenzaron a vivir emulando las costumbres del lugar de donde venían. ¿Que hicieron los españoles en América? mataron indígenas, exportaron sus creencias y construyeron ciudades que eran copias al carbón de las de su país de origen. ¿Y que hicieron en Trevanya? El hombre se llevo toda su mezquindad e inequidades y acabo destruyendo un mundo perfecto. Esta es la naturaleza del hombre, pero eso no significa que no debamos —si esta en nuestras manos— hacer algo para romper con ese patrón.

—Lo que dices tiene sentido. —dijo Lörgeer. —Pero creo que Corillion sigue siendo un caso extraordinario. Si en tu informe recomiendas que se establezcan protocolos de colonización en los que se tenga como prioridad la conservación del ecosistema en su estado natural, estoy seguro que nunca se llegaran a extremos tan desagradables. Como ya dije, estos son otros tiempos. La colonización ya no es una prioridad para el Núcleo. Las exploraciones con el simple fin de investigación pura o de localización de depósitos de materiales escasos es cada día mas común. Incluso las nuevas técnicas de terraformacion baratas y al alcance de cualquier economía hacen que la búsqueda de planetas ecológicamente viables por naturaleza no sea tan importante. Corillion seria un parque de recreo, por decirlo de alguna manera. —Lörger se recostó en la silla y cruzo los brazos tras su cabeza.

—Ese es el problema —replico Jürgen. —Al principio será como dices, un parque de recreo, con unas cuantas poblaciones para adinerados o altos funcionarios del Núcleo. Pero poco a poco, mas adinerados y mas funcionarios querrán su tajada. Tu no lo puedes asegurar porque no has estado ahí. No has visto esos atardeceres con las dos lunas enmarcando el enorme sol. No caminaste por sus praderas tapizadas con terciopelo verde y naranja. No admiraste las auroras boreales desde la punta de sus montañas cortadas a pico. Corillion es un mundo hermoso. Lo se, estuve ahí. Y por eso te puedo asegurar que si no proclamo un veto, un día se convertirá en otra cosa, algo que nada tendrá que ver con su realidad presente. Los viejos habitantes, movidos por la codicia, la presunción o simplemente por esa necesidad de comunidad —aunque sea reducida— iran acotando al planeta cada vez mas y mas. Se preguntaran "¿Para que mantener todo un mundo virgen cuando podemos conservar solo la mitad de el en ese estado?" "¡Vengan y admiren como el hombre a sojuzgado una vez mas a la naturaleza!" y después de un tiempo, cuando se sientan mas presionados y su necesidad de presumir su posesión crezca de nuevo, dirán: "¿Y por que conservar medio planeta virgen? con unos millones de hectáreas es suficiente" Y así, poco a poco, hasta que Corillion no sea mas que un parque de diversiones, un jardín, una parodia de lo que alguna vez fue. Sometida su ecología y su espíritu, quebradas sus raíces y sepultada su belleza bajo la férrea y homogenizadora mano colonizadora del Núcleo. No Lörgeer. No permitiré eso.

—Debo reconocer que tu razonamiento es valido. —dijo Lörgeer con un suspiro. —Además, tu sabes bien que siendo Explorador en jefe tu dictamen es inapelable. Lo que tu decidas, será. Y confió en ti. así que no hablare mas del tema.

—Créeme, es lo mejor. Además, con los adelantos en cuanto a las técnicas de terraformacion, como tu mismo dijiste, el costo de convertir un planeta yermo en algo que se ajuste a los estándares humanos es risible. No hay necesidad de manosear una joya como Corillion. —Dijo Jürgen levantándose y dirigiéndose hacia la consola. —Ahora bien, largo de aquí. Tengo que comenzar mi reporte. Te veré en la sala de oficiales en un rato. Y dile a Beörl que me guarde algo de esa botella de Lakaria. Quien sabe cuando regresemos a ese planeta de magníficos y simpáticos borrachos.

—Esta bien. Y si Wödan llama de nuevo, por fin podré darle una respuesta que no haga enrojecer su regordete rostro. —dijo Lörgeer mientras salía y cerraba la puerta.

Jürgen se dirigió hacia la consola y activo un par de controles. Comenzó a dictar.
Cargo: Explorador en Jefe Bew Jürgen.
Nave: TS Wotan. Sección: 42-Türgell del Consejo de Exploracion del Núcleo.
Destino: Brazo Espiral Proteus. Cuadrante 84-126IS.
Tarea: Evaluar, Clasificar y Emitir recomendación y/o veredicto sobre Cuarto Planeta, Estrella G3, en Zona ecológica viable. Sin Vida Inteligente indígena.

Comentarios:

El planeta es ecológicamente viable para sustentar vida humana sin requerir terraformacion. Observaciones personales [clasificadas bajo el Código ER23 de la Comisión Exploradora del Núcleo] determinan el veto definitivo e inapelable del planeta. Ninguna actividad colonizadora y/o patrullas expedicionarias serán autorizadas. El veto no prescribe ni puede ser anulado. Se solicita la movilización de estaciones orbítales automatizadas de vigilancia para tal efecto.
Jürgen interrumpió la grabación y se recostó en la silla, pensativo. Si bien las razones que le había dado a Lörgeen eran validas y sinceras, había una mas.

Hace miles de años, cuando el ser humano aun no había salido del planeta madre, había hombres que atesoraban joyas, específicamente, diamantes. Algunos lo hacían por avaricia, poder y codicia, sin preocuparse por la belleza de estos. Solamente los miraban como artículos con un valor que era determinado por el mercado. Había hombres que eran dueños de muchísimos diamantes y jamás se detenían a mirarlos. En cambio, había otros mas, unos pocos, que apreciaban esa joyas por su valor intrínseco, por su belleza pura. Para ellos tenían un valor que no podía ser comparado con nada material. Hombres que admiraban una joya solo por lo que era: un único e irrepetible objeto que simbolizaba la belleza.

Y para Jürgen la analogía ni siquiera era correcta. Un diamante era tallado para obtener mas de el. Su belleza, aunque impresionante, no dejaba de ser prefabricada según los cánones del hombre. En todo caso, era mas bien como si se compararan diamantes con granos de arena. Y para Jürgen, Corillion era un grano de arena, una pequeña partícula inalterada y pura.

Y nadie, jamás, podría ver con malos ojos que un hombre atesorara y protegiera un pequeño grano de arena perdido en la inmensidad de una solitaria playa.

Camino de nuevo hacia la pantalla. Una hermosa esfera azul-morada brillaba surcada por hilos de plata. A un costado, dos pequeños puntos cruzaban majestuosamente sus cielos. Era rodeada por un halo de crepúsculos que lo teñían todo de tonalidades violetas. Un pequeño grano de arena flotando en la silenciosa majestuosidad de un mar rebosante de luz.

Jürgen sonrió.


Fin.




Yo.

1 comentario:

Luis Daniel dijo...

se que te vale medres mi opinion. pero llevo algunos dias leyendo tu blog (si, no tengo vida) y me encontre con este "cuento", y la verdad esta poca madre. En fin solo escribo para felicitarte y saludar. (Ya lo se, ya lo se, me conseguire una vida).

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