jueves, junio 01, 2006

El significado.

Abrí los ojos lentamente, cuando mi subconsciente noto que algo no andaba bien.

Estaba boca abajo, con la cara pegada al colchón. El calor dentro del cuarto era insoportable. Las sabanas húmedas de sudor se me enredaban en las piernas, me revolvi como si estuviera en arenas movedizas. Voltee a mirar la esfera luminosa del reloj y no la encontré. Después note que era lo que andaba mal. Faltaba el omnipresente trac-trac del destartalado ventilador de mesa. Se había ido la luz.

Gire sobre mi mismo y mire al techo durante unos minutos. Cuando me convencí de que solo iba a devolverme una mirada en blanco, me levante y camine hacia el balcón. Las puertas estaban abiertas de par en par. Una ligera brisa hirviente soplaba desde el exterior, causando un movimiento apenas perceptible en las cortinas raídas.

Salí y puse las manos sobre la barandilla; estaba tibia. El sofocante calor hacia que pequeñas gotas de sudor resbalaran por mi frente, nublándome la vista. La luna reflejaba una luz mortecina sobre la humedad de mi cuerpo. El aire era salobre y tan espeso que costaba trabajo respirar.

Fue entonces cuando la vi, a la orilla del pequeño muro de piedra que marcaba el límite entre la laguna y la extensa y desértica explanada. Estaba de pie, con los brazos sobre su pecho. Miraba hacia la oscura extensión de agua sin moverse.

Bajé por la escalera de caracol que se encontraba en un extremo del balcón. Camine descalzo hacia donde se encontraba, pero ella no pareció notarlo. Me detuve a su lado. Ella no hizo nada para reconocer mi presencia.

La mire mas detenidamente, era delgada y no muy alta. Su cabello era oscuro, pero a la tenue luz de la luna despedía reflejos rojizos. Sus labios eran carnosos y prominentes. Pero lo que mas me llamo la atención fueron sus ojos, de un verde que se confundía con el de la laguna a nuestros pies.

Permanecí en silencio, mirando hacia la laguna. Nunca había sido bueno conversando. Yo era un tipo que observaba, no que interactuaba.

Justo cuando me disponía a regresar a mi habitacion, ella volteo y me miro por primera vez. Sus ojos verdes tenían destellos dorados.

—Me llamo Kuruni —dijo sin darle importancia.
—¿Kuruni? ¿Que clase de nombre es ese? —pregunte.

Ella no respondió. Se volvió de nuevo hacia la laguna y se sentó sobre la orilla, con los pies colgando sobre la superficie. Me senté junto a ella y no dije nada mas.

—Cuando era niña, a los 8 años, decidí que cuando creciera, escribiría diccionarios —dijo de pronto, aun sin mirarme—. Siempre me ha fascinado el significado de las palabras, de las cosas, pero ahora me doy cuenta que hay algo que me intriga aun mas.
—¿Y que es eso? —pregunte estupidamente.
—El significado de las personas. Tu por ejemplo. Me gustaría saber que significas.

La mire en silencio por unos momentos. Después, lentamente, me puse de pie y mire hacia la otra orilla de la laguna. Me di vuelta y comencé a alejarme.

—Espera —dijo levantándose.

Se acerco a mi y me beso. Sus labios eran suaves y turgentes. Su lengua tibia y dulce. Cerré los ojos.

Un sonido familiar me despertó. Abrí los ojos y gire la cabeza buscando la esfera lumininosa del reloj, que me devolvió un par de números parpadeantes. El ventilador seguía con su eterno trac-trac, ajeno a mis sueños febriles.

Me levante y camine hacia el balcón. Afuera, la laguna lamia rítmicamente el muro de roca que la separaba de la explanada, que a la tenue luz de la luna, aparecía vacía.

Cerré las ventanas y regrese a la cama. Nunca he sido bueno con las personas. Solo soy un observador. No se que signifique eso.



Yo.

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