martes, junio 06, 2006

Sin óbolos en el Diluvio.

Detenido a la orilla de un boulevard
Mirando los autos romper la noche.

Mi ventanilla se cubre con una cortinilla de agua sucia cada que un auto cruza por el charco junto al que estoy detenido. Cada que esto sucede, el sonido del agua estrellándose con un tableteo sobre el cristal me hace voltear instintivamente.

A lo lejos, relámpagos iluminan la noche. Las puertas del cielo se han abierto y un diluvio local se nos viene encima. Pareciera que todos los angeles juntos salieron de sus barracones a orinar, como cualquier soldado borracho.

Intento leer, pero no me concentro. Apago la luz del techo y miro los autos que se detienen junto a mi. Personas que en medio del diluvio aun piensan en comprar aspirinas y botellas agua. ¿Que nadie se da cuenta de que es el fin del mundo? ¿En que momento dejamos de temer al castigo divino? Bah, hay peores formas de dejar este mundo que mojándose los pulmones.

Cancelen mi suscripción para la reencarnación, gracias.

El tableteo en mi ventanilla sigue. A mi derecha, a lo lejos, la Estigia sigue creciendo, solo que no hay ningún Caronte a la vista y cada quien la cruza como puede. A diferencia del par de monedas que el viejo pedía, acá se pagan miles de ellas para asegurarse el cruce hacia el otro mundo —el seco—, vía tracción 4x4.

Algunas personas corren despavoridas, como si cayera gasolina. No recuerdo cuando fue la ultima vez que camine —no corrí— bajo la lluvia. Supongo que fue hace años, cuando aun no portaba nada conmigo que pudiera perder al mojarse. Creo recordar el chapoteo de unos tenis y una avenida oscura. Creo recordar la hiedra, un sillón y aquella chimenea apagada. Ahí perdí mas cosas en otro tipo de humedad.

Un relámpago me devuelve a la realidad. Un par de fotografías del mundo son tomadas. Un estrobo descompuesto. Los angeles deben seguir ebrios.

Enciendo el auto y me uno al lento fluir de los vehículos. Me dirijo hacia la Estigia. El viejo cabron sigue sin aparecer. Esta bien, No creo que valga la pena pagar por nada de lo que hay del otro lado.

El ocasional tableteo en mi ventanilla se convierte ahora en un golpeteo furioso. ¿Eso es todo lo que tienen? Bah, yo puedo orinar mas ruidosamente. Uno pensaría que en el cielo las borracheras provocarían algo mas que un pequeño diluvio. Una razón mas para hacer reservaciones en otro lado.



Yo.

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