domingo, julio 02, 2006

La Odisea Sexenal o Como votar responsablemente.

Por fin, el día tan esperado por los mexicanos y por el gremio de plomeros de indochina, ha llegado.

El sábado tuvimos —para variar— una jocosa reunión en mi casa, el pretexto fue la celebración del hecho de que en este pueblo no hubo ley seca, (o si la hubo, los del Oxxo y Extra que están por mi casa, ni se enteraron). Supongo que hay cierta ironía y algo de absurdo en ponerse pedo nomás porque se puede.

A eso de las 12 de la noche ya estábamos pedísimos he hicimos una de las pendejadas clásicas de las borracheras caseras: ponernos a cocinar una porquería con los ingredientes a la mano, para acabar con un súbito y furioso ataque de hambre ebria. Creo que me quede dormido sobre la mesa a las 4 de la mañana, snif.

Borrachos, huevos y hornos de microondas no son una buena combinacion.


Eso fue el preludio del día de hoy, domingo 2 de julio, en el que, con una muy decente y merecida cruda (muy decente porque después de la ingente cantidad de cerveza y tonayan que ingerimos, lo lógico hubiese sido haber amanecido con dos o tres sentidos menos) me encontré reuniendo fuerzas para ir a ejercer el tan cacareado derecho/obligación de tachar un papelito con un crayoncito.

Tengo que decir que por poco y no llego; todo el día estuve tirando hueva, pensando, como buen mexicano, "Al rato voy" y ese "Al rato" se alargo hasta las 5:30, hora en la que por fin me anime a levantar el culo de la cama, me puse una gorra y salí por la puerta, como regularmente hago.

No recordaba bien el procedimiento, aunque vote en las elecciones pasadas, mi espantosa —pero muy divertida— costumbre de machacar mis neuronas con alcohol borro todo rastro de dicha ocasión, así que me dirigí a la casilla que me correspondía, cerca de mi antiguo domicilio.

Llegue exactamente a las 5:50, y la casilla estaba vacía. Bueno, en realidad estaba llena de gente que se veía muy aburrida. Pero no había votantes. Tanta era su aburrición que cuando llegue, todos se me quedaron viendo. Me sentí como niño en escuela nueva. No se si fue por mi carota de crudo, la garrapata en el hombro o el sombrero de charro que traía, pero me sentí regañado cuando un monito en una mesa me pidió mi credencial y ladro mi nombre hacia lontananza, como mayordomo en baile del Márquez de Uchurrugutia.

Me dieron unas hojitas de colores y me señalaron una especie de letrina, mocha por abajo. Yo pensé: "Ni madres que cago ahí" pero no, esa pseudoletrina (que metáfora tan ad hoc!) era en donde podía ejercer mi inalienable derecho a anular mi voto.


Mi papeleta. Que bonita.


Pero ya estando frente a las boletas no es tan fácil. Es increíble como tanto bombardeo mediático puede pesar en ese momento. Si yo que soy un chingón seguro de mis convicciones, sentí las miradas de reproche de todo el país sobre mi hombro. No quiero pensar como reaccionarían los humanos comunes y corrientes, pobres. Pero después la megalomanía dio paso a un pensamiento mas claro y acertado; como bien dijo Bart en una ocasión, sentí un poco de remordimiento, hasta que recordé que esa tanda de imbeciles quería gobernarme.

Y el momento había llegado, ¿Que haría? ¿Que pondría en ese intimidante espacio en blanco?

Dejando a un lado las payasadas, en verdad no supe que podría hacer. ¿Votar por uno de los pequeños? ¿Y así tal vez asegurarles el registro y con ello seguir manteniéndolos inútilmente con nuestro dinero? Ni madres. ¿Votar no por alguien, sino contra alguien? Tampoco, no se porque, pero no me atraia esa opción. Así que de nuevo, solo me quedaba poner algo en ese mentado espacio en blanco.

Fue en ese momento, cuando lo miraba detenidamente, sentí que algo se abría paso a través de mi cabeza.

En realidad lo que se abrió paso, no a través de mi cabeza, sino de mi nariz, fue un estornudo, creo que la mesa estaba muy fría.

Pero después del estornudo supe, en un golpe de inspiración, lo que tenia que hacer.

Si no podía decidirme en ese momento, ¿Porque no traerme mi espacio en blanco para pensarlo con mas calma?



Eureka.


Ahora si, tranquilamente y sin presiones, puedo decidir que poner en el espacio en blanco. A eso le llamo yo votar responsablemente.

Espero que dentro de un par de semanas ya tendré mi decisión. Mientras tanto, nadie puede acusarme de no haber votado...aun.

Resumiendo.

Pros:

  • —Dentro de 3 o 4 años, si el desempeño del que haya ganado es bueno, podré poner su nombre en mi voto y decir "¿Lo ven? Yo sabia que ese era el bueno" En cambio, si resulta ser un idiota, pondré el nombre del contrario y diré "¿Lo ven? Yo sabia que era un idiota."
  • —Nadie puede reprocharme haber regalado mi voto, porque aquí lo tengo, duh.
  • —Puedo probar con un lápiz y hacer cuantos dibujos obscenos se me ocurran, además, las visitas pueden jugar gatos o timbiriches en el, haciendo que yo luzca como un gran anfitrión.

Contras:

  • —Nomás uno. Cuando me decida, ¿Alguien sabe donde puedo ir a depositar mi voto?




Y tu, ¿Votaste responsablemente?




Yo.

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