lunes, septiembre 04, 2006

De por que es mejor ser un niño con huevos que un hombre con pañales.

Hace un par de meses, un domingo por la mañana, estábamos Pedro y yo en el Terreno sobreviviendo una cruda espantosa.

Yo esperaba medio tumbado en una silla a que mi factor curativo mutante hiciera su trabajo cuando alguien se asomo por la puerta (casi siempre esta abierta, Pedro estaba creo que cagando en el cuarto). Era un tipo con un rostro común y peinado común. Usaba lentes, camisa de cuadros, pantalón caqui de pinzas y mocasines cafés. En pocas palabras, un señor cualquiera.

Yo medio me incorpore y desde donde estaba, pregunte:

Huevo: -Si, ¿Diga?

Señor: -Buenas tardes. ¿Se encontrara el Sr. Pedro Carbajo?

Huevo: -Si, un momento por favor. ¿De parte de quien?

Señor: -De Alejandro Barce... ¿Huevo?

Aquí su nombre hizo sonar una campana en mi cabeza (la cual, con la cruda que me cargaba, casi me desencaja el cerebro) Me quite los lentes y lo mire escrudiñadoramente.

Huevo: -ehhhh..Si?...

Señor: -Soy yo pinche Huevo, el Pollo.

Era el Pollo (duh) compañero nuestro de la secundaria. Tal vez suena irreal que no lo reconociera después de vernos todos los días durante tres años, pero el cambio efectuado en el Pollo era asombroso: Se había trasformado en un señor.

Huevo: -Ahhhh! ¿Qiubo cabron? Perate, deja le hablo a aquel guey.

Cuando salio Pedro, lo saludo igual

Pedro: -¿Qiubo pinche Pollo? Que milagro.

Dijo esto ultimo porque hacia unos 10 años que no lo veíamos.

En los tiempos de secundaria, no salíamos del Terreno. Creo que ya he hablado de ello antes (He contado tantas veces mi vida que parece que me la se de memoria) Ahí se perdieron mas virginidades que en las conquistas de Atila el Huno, se bebió mas alcohol que en la época de la Ley Seca y se hicieron mas desmadres que en tiempo de elecciones. Y solo teníamos 16 años, snif.

En esa época, el Pollo era de los bullys de la escuela. Además era galancete y muy, muy mamón. Usaba el cabello a lo Tino (de Parchis, un grupo prehistórico) y vestía a la ultima moda -pantalones Levi's con un amarre que se hacia en el dobladillo (el que lo ha visto sabe a que me refiero: fue un sello de la época), tenis Kaeppa (los de los triangulitos intercambiables) y playeras Vision Street Wear y Airwalk (nomás era poser, porque no patinaba), todo de fayuca (cuando todavía existía la fayuca).

Y el Pollo que teníamos enfrente era un típico señor treinton, con carro sedan y sueldo de burócrata. Y como marco perfecto a su imagen perfecta y familiarmente correcta, también traía un hijo y a una esposa embarazada.

El Pollo necesitaba a Pedro para algo que no viene al caso, pero mientras platicaban, yo los miraba y me saltaba a la vista la comparación, el contraste era chocante.

Mientras el Pollo era la viva imagen del vecino que todos los fines de semana lava el carro y en la noche va a cenar con sus suegros, Pedro, por otro lado, vestía una camisa sin mangas, pelos parados, tatuajes en los brazos e -incluso mas que yo-, arrastraba una cruda demencial.

Después de un rato nos despedimos con la promesa de una próxima carne asada y una peda, cosa que, obviamente, no sucederá. Y no lo digo por nosotros, sino por el Pollo.

Pude notar -y luego Pedro me lo confirmo- que el Pollo vio en nosotros lo que el había dejado de ser. Y el suspiro interior que soltó fue evidente para todos.

¿En que momento uno se sacrifica en pos de algo que en el fondo no desea? ¿En que momento uno deja de ser lo que no sabia que era para convertirse en algo que no desea ser?

Y con esto no afirmo que el camino que tomamos Pedro y yo sea mejor que el que tomo el Pollo (yo incluso estuve andando en esa dirección un par de años), pero nosotros estamos a gusto con nuestra decisión.

Y no se trata de inmadurez o negarse a crecer y enfrentar el mundo, claro que no. Yo todos los días me parto el lomo para mantener mi status quo, que se resume a conservar el poder de decisión sobre mi propia vida, sin depender de nadie mas que de mi mismo.

Hace tiempo deje de defenderme cuando me acusaban de inmaduro e infantil. La gente que no me conoce, por ejemplo, cuando sabe que leo libros de navecitas, que me aplasto un fin de semana completo a jugar videojuegos, que leo comics y que digo pendejada y media; que me empedo y que uso gorras y pantalones rotos, piensa que, en pocas palabras, valgo verga y que soy un niñote. Y tienen razón, por lo menos a su manera.

Voy a contar una historia. Hace algunos años, mi cuñada andaba con un tipo que era exactamente lo opuesto a mi -que para ese entonces ya había tomado el camino de perdición, sarcasmo y valemadrismo que me ha hecho alcanzar las mas altas cotas de la miseria espiritual, snif-. El mono en cuestión era un flamante estudiante universitario, decente, educado, caballeroso, nada vulgar y muy propio. Cuando llegábamos a coincidir, podía notar claramente que mis patanerías y humor estupido lo incomodaban.

Poco después mi entonces vieja y yo pasamos por una de esas situaciones que te cambian la vida, momentos cruciales que nos marcan. En dicha ocasión se me presentaron dos opciones. Mandando al carajo la falsa modestia, puedo asegurar que escogí la que exigía mas coraje, determinación y responsabilidad. En pocas palabras, hice lo que tenia que hacer y lo hice a la altura que las circunstancias exigían.

Un tiempo después, mi cuñada y el monito este pasaron por una situación que si bien no se comparaba con la mía, si requería que el tipo tomara una posición. Y obviamente, reacciono como solo un niñete de 16 años lo hubiera hecho. Prácticamente salio corriendo a esconderse y se escudo en la negación. Un numerito que a mi me dio mucha risa.

Después de aquello -y de otras situaciones similares- quedo claro que yo tenia los huevos suficientes para darme el lujo de parecer un payaso.

Mucha gente cree que para alcanzar la madurez solamente se necesita parecer maduro. Automáticamente asumen que si uno no parece responsable, no lo es. La prueba de que esto es falso me la han hecho ver las personas que me rodean, que cuando necesitan ya sea apoyo, un consejo o simplemente ser escuchados, no acuden a los conocidos que parecieran los mas responsables y confiables; recurren a mi, este payaso de gorra y tenis.

Como dije, hace tiempo deje de defenderme cuando me acusan de inmaduro e infantil. Es preferible ser un pendejo en las cosas nimias y un hombre cuando se requiere, que andar por la vida con un disfraz de madurez que se rompe al primer ventarrón de realidad.



Yo.

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