miércoles, octubre 18, 2006

De Boicots y Ternurita.

Me había abstenido de comentar sobre la mamada esa de "la resistencia pacifica" porque es una de las 10,326 cosas que me valen madre, hasta este momento, en el que uno de sus aspectos ha alcanzado un nivel de ridiculez y ternura tal que me han obligado a soltar la carcajada.

Me refiero al mayor desatino —después del cristianismo— que se le ha ocurrido a un grupo de gente desde hace mucho tiempo: el Boicot a los productos que apoyaron el fraude.

Dios mió, ¿Alguien le ha puesto atención a la lista de dichos artículos? De seguirla al pie de la letra, los mexicanos prácticamente tendrían que regresar a vivir a los árboles.

El dichoso boicot me parece ridículo —y tiernísimo— porque supone que los mexicanos están dispuestos a hacer un sacrificio real e inmediato a cambio de un lejano, intangible y utópico beneficio.

Sinceramente, ¿Alguien cree que el mexicano promedio va a, primero, apagar la televisión?

Claro, es fácil imaginar al ama de casa que acepta dejar de recibir su dosis diaria de entretenimiento, empezando por sus programas mañaneros como Hoy, Nuestra Casa y similares, luego con sus películas de Pedrito Infante, pasando por sus queridas telenovelas y terminando con sus sitcoms nocturnos. Claro, es fácil imaginar a esta ama de casa sacrificando todo esto, con una sonrisa de orgullo en su cara por el daño que le esta haciendo a Televisa.

Ja-ja.

También es fácil imaginar a familias enteras dejando de comer sándwiches y donas, dejando de tomar Coca cola y sus papas sabritas. Es fácil imaginar a las mamas trabajadoras cociendo, moliendo y refrigerando verduras porque ya no pueden comprar Gerbers. Es fácil imaginar que los mexicanos dejan de hacer y de consumir lo que prácticamente han consumido toda su vida en pos de algo que en el mejor de los casos, es un sueño guajiro y tiernísimo: Pegarle a las grandes corporaciones.

Ahora bien, yo no justifico ni apoyo las practicas depredadoras del corporativismo (en realidad, como casi todo, me tiene sin cuidado lo que hagan o dejen de hacer) solo digo que acciones como este ridículo boicot son tan inservibles como una piñata vacía.

Lo más hilarante es que los pobres fanáticos de Obrador en realidad creen que les están haciendo daño a estas empresas.

Me da ternura imaginarlos teniendo orgasmos pensando en como están sudando los accionistas de la Coca Cola porque unos cuantos tarados están comprando Big Cola en lugar de su producto.

Mas ternura me dan cuando veo que los Burger Kings y MacDonalds siguen igual de atascados que siempre. Ternura me dan porque un sábado fui a desayunar a un Vips y tuve que esperar 15 minutos para tener mesa. Ternura me embarga cuando veo a la gente mandar 40 msms por sus teléfonos al día. Lagrimas corren por mis ojos cuando lavo mi ropa con Suavitel, me lavo los dientes con Crest y me limpio el culo con papel Pétalo.

Cuando llego al paroxismo de la ternura y exploto en una orgía de melcocha y miel es cuando me tomo una cerveza Negra Modelo.

Ganas me dan de seguir el ejemplo de Maddox con los vegetarianos. Así que por cada coca que no compren los Obradoristas, yo voy a comprar tres. Por cada bolsita de sabritas que no compren, voy a comprar una bolsa jumbo en el Sam's. Por cada cerveza que no se tomen, me voy a poner una peda fenomenal (esto es bonus, en realidad no necesito ningún pretexto). Por cada articulo que pretendan boicotear, vamos a comprar el doble, triple o veintuple (como en el caso del papel de baño; con tanta comida chatarra, hay que cagar mucho).

¿Y esto porque? Nomás por miedo. Si, miedo, la ternura me da miedo, y los Obradoristas se están llevando de calle a los ositos cariñositos. Brrr.




El mundo esta mal, mal.



Yo.

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