lunes, noviembre 05, 2007

Out of the blue.

Ayer desperté a las 11 de la mañana en mi cama. El viernes y el sábado había despertado en el sofá de la sala. El viernes por borracho; el sábado, por que me dio insomnio –aunque estaba molido- y me quede viendo televisión. Cuando me entro sueño, a las 6 de la mañana, simplemente me dio hueva irme a mi cama.

En la sala me esperaba lo que hacia muchos meses no se veía: una enorme cantidad de botellas de cerveza vacías y el piso lleno de colillas, corcholatas y algo pegajoso. El tufo a cigarro –que yo ya no siento- seguramente impregnaba mi casa.

Me dirigí directo al sofá, de nuevo. Tome mi laptop –que había dejado, como de costumbre, prendida y descargando cosas (por lo regular en las mañanas siempre tengo varias ventanas del Messenger abiertas; siempre estoy como ausente, y de hecho, el 80% del tiempo estoy ausente)-, di una rápida revisada y me levante de nuevo.

Recogí botellas y porquerías diversas. Llene dos bolsas negras de basura. Luego mire la alarmante torre de trastes sucios y resignado abrí la llave del fregadero.

Mientras corría el agua y enjabonaba los platos, de pronto, de la nada, tuve una revelación que no tenia absolutamente nada que ver con lo que estaba haciendo ni con lo que había pasado los dos días anteriores.

Así, de esos pensamientos que llegan de pronto a la cabeza sin tener idea de cual es el catalizador que los desencadena. Tuve una imagen mental clarísima de como eran las cosas, de cómo serian. La obviedad me dio de lleno en la cara con la fuerza de las cosas que simplemente no serán. Intente por todos los medios de pensar en otra cosa, de no seguir esa línea de pensamiento. No soy de las personas que tengan miedo de pensar, de extrapolar. Al contrario, uno de mis mas desesperantes defectos es el tratar de estar siempre a dos pensamientos delante de lo que pueda suceder. Pero esta vez no quise, no pude, no lo hice.

No lo hice porque, aunque en el fondo se que así son las cosas, no me gusta, no quiero -por el momento- aceptar que así serán. Y el mayor problema es que no esta en mis manos cambiarlas.

Creo que puedo darme el lujo de engañarme un poco, aun sabiendo que no puedo hacerlo.


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