miércoles, diciembre 14, 2011

El incómodo momento cuando...

...te das cuenta de que, contra todos los pronósticos, eres tú el que ha avanzado.

Y es curioso, porque sabes que en realidad no has hecho nada –al menos conscientemente- para ello, simplemente, hiciste lo que muchos pregonan, pero nunca hacen realmente, que es seguir tu camino y vivir.

Porque madurar no se trata de moverse, de ir y regresar, no se trata de dejar todo de lado y empezar de cero; no se trata de cortar con el pasado y mirar únicamente hacia un futuro que tal vez nunca llegue; en mi opinión, madurar simplemente se trata de hacer las cosas de otra manera, de una manera diferente a como la hubiéramos hecho en el pasado. De hacer las cosas de una manera mejor.

Y es aquí cuando me obligo a mirar al pasado y tachar la parte en donde, como todos, alguna vez dije: “No me arrepiento de nada”, lo cual, desde cualquier punto de vista, es una estupidez. Porque no arrepentirse de nada es asumir que uno es infalible y que de todos los caminos posibles a elegir, uno siempre escogió el correcto.

Tampoco se trata de arrepentirse de lo ya hecho, no, se trata de aceptarlo, de asumirlo y de dejarlo en su lugar, porque arrepentirse es arrastrar, es llevar una carga del pasado hacía el presente y sentarla en medio de la sala, como un elefante del que nadie quiere hablar, porque no sabe que hace ahí. Yo dejé mi pasado allá, en su lugar, puedo vivir con lo que hice y con las decisiones que tomé, pero no dejo que ese pasado influya en mis decisiones futuras, en lo que soy ahora. Ya no tengo tiempo para eso.

Y así es como, al final, yo, siendo el que siempre ha estado aquí, sin moverse y sin cambiar, soy el que ha avanzado y cambiado.

Hola, soy Luis, mucho gusto.




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