viernes, febrero 17, 2012

La cuerda que se rompe.

"Sereno, anclado, estático. Permanezco en punto muerto.

No, eso es una mentira o si no lo es, por lo menos es una equivocación benigna, una agrupación de metáforas erradas. Estoy declinando, declinando sin cesar. Mi marea está descendiendo.

Me revelo como una costa rocosa, desnuda y escabrosa, en la que sobre las olas que se retiran flotan oscuras y sucias algas marinas arrastradas por la corriente. Por entre las rocas, los cangrejos verdes se escabullen. Sí, declino, lo que significa que me reduzco, me atenúo. ¿Saben una cosa?, ahora me siento bastante tranquilo con respecto a eso. Por supuesto que mis estados de ánimo varían, pero

ahora me siento
bastante tranquilo
con respecto a eso."

Hace muchos años que no releo Muero por Dentro de Robert Silverberg; mis recuerdos sobre el son, a estas alturas, difusos, pero ciertas partes, como la anterior, quedaron grabadas en mi subconsciente desde la primera vez. En diferentes momentos de mi vida ese monólogo ha tenido diversos significados; a veces relacionados, a veces no. En este momento, esas palabras resuenan con una estridencia demasiado familiar.

"De repente, hay un gran silencio. Distante, oye un último sonido, un instrumento de cuerda, un violonchelo, quizá, pulsado pizzicato, un hermoso sonido melancólico. Twang. La cuerda que vibra. Twing. La cuerda que se rompe. Twong. La lira desafinada. Twang. Twing. Twong. Y nada más. El silencio le envuelve. Es un silencio terminal que retumba a través de las cavernas de su cráneo, el silencio que le sigue a la rotura de las cuerdas del violonchelo, el silencio que llega con la muerte de la música. No puede oír nada. No puede sentir nada. Está solo. Está solo.

Está solo.

- Tanto silencio - murmura -. Tan solitario. Es... tan... solitario... esto."

No pienso releerlo, no por ahora, prefiero dejar que esas palabras, fuera de contexto, tomen su propio lugar e importancia.

Pero más importante es la siguiente parte, que marca el final y a la vez, el principio, si es que se le puede considerar así:


"Ahora hay un gran silencio.

Afuera el mundo es blanco, adentro, gris. Lo acepto. Pienso que la vida será más apacible. El silencio se convertirá en mi lengua materna. Habrá descubrimientos y revelaciones, pero ningún trastorno. Es posible que más adelante el mundo vuelva a tener algo de color para mí.

En vida nos consumimos. Al morir vivimos. Recordaré eso.

Me regocijaré. Twang. Twing. Twong. Hasta que muera de nuevo, hola, hola, hola, hola."


Hasta que muera de nuevo, todo.



4 comentarios:

Eduardo dijo...

Post perfecto para un domingo.

En tu opinión ¿La SF volvió a involucrarse tanto con el ser humano como en esa época? Estoy leyendo Las Estrellas mi Destino y El Hombre Demolido y dudo que haya libros recientes que tengan esa profundidad

Luis dijo...

Realmente no he leido mucha ciencia ficción nueva, pero en mi experiencia, no se acercan a la complejidad de esa época, sobre todo de esas dos novelas en especifico.

sarah.tous.ta dijo...

The rest, is silence

Teli dijo...

gracias por el link. Ya tengo el libro ahora buscaré tiempo para leerlo!

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