miércoles, febrero 29, 2012

Sobre la mediocridad.

Hace unos días hablaba sobre mi particularidad de no tener mucho problema en hacer las cosas que tienen que hacerse. Bueno, pues esta particularidad sólo aplica a mi vida personal/social, no a la laboral.

O, hasta hace poco, no aplicaba.

Me explico.

Siempre he envidiado un poco a la gente que ama su trabajo, que se emociona y siente pasión por lo que hace. Yo no, siempre he visto el trabajo como un medio, no un fin. Mi trabajo no me define, no dice quién soy. Para mí, un buen trabajo es el que te permite el tener el mayor tiempo y medios para disfrutar tu tiempo libre. Nunca he entendido y de hecho, siento un poco de pena por esa gente que vive para trabajar, cuando debería ser lo contrario.

Pero desde hace un tiempo, decidí que ya era hora de aplicar mis poderes particulares mutantes a mi vida laboral y, como primer paso, presenté el examen del Ceneval (y lo pasé con 9.5, porque, ¿por qué no?), ahora sigue la carrera de una manera similar.

Con esto, subí de puesto, y ahora, mis responsabilidades se duplicaron y estoy a cargo de cosas que nadie en su sano juicio debería dejarme a cargo, pero no importa, porque tengo que hacerlo y lo estoy haciendo. Lo curioso es que, por lo que veo, el único sorprendido soy yo; mis jefes estan confiados en que puedo hacer lo que me piden (y ayuda bastante el que yo diga que sí a todo y, más importante, que lo cumpla o por lo menos lo intente). Mi sorpresa nace de que me está gustando lo que estoy haciendo (en un sentido figurado, en realidad mi trabajo es el de un drone burocratico común y corriente), me gusta el hecho de que me piden hacer algo que no sé como se hace y lo averiguo y creo entenderlo y la cago y lo intento de nuevo y en algún momento, funciona.

Tal vez esto sea normal para todos ustedes; para mí no, como dije, en toda mi vida laboral nunca me interesó sobresalir, siempre mantuve un perfil bajo y navegué con bandera de pendejo –sí, cosa fácil-, pero ahora, quiero ver hasta donde puedo llegar, why? Because fuck you, that’s why. Pero aclaro, voy a exprimir mis capacidades sin sacrificar mi vida privada, porque eso siempre será prioridad.

Porque para mí, la mediocridad no radica en dejar un trabajo a medias; radica en dejar la vida a medias. Eso es ser mediocre.



martes, febrero 28, 2012

Años luz.

Solía posar las puntas de mis dedos sobre la miríada de estrellas de tu espalda y hombros, pasando de una a otra y a otra y a otra. Nunca te lo dije, pero en mi imaginación, conectaba cada punto con el siguiente, como si viajara años luz atravesando la Galaxia que formábamos.

Esta noche levanté la mirada y vi tres estrellas que imitaban perfectamente uno de aquellos caminos. Y de nuevo, en mi imaginación, con la punta de mis dedos conecté esas estrellas, atravesando los años luz que las separaban.


Atravesando los años luz que nos separan.


lunes, febrero 27, 2012

Herida.

El domingo pasado desperté y después de unos minutos de desorientación, la cruda moral me pegó con todo.

Así estuve durante un par de horas, hasta que, en un momento dado, me di cuenta de que era una cruda moral falsa, auto provocada. Porque en realidad, en el fondo no me sentía mal por lo que hice, sólo creí que me sentía mal, y en eso, hay una diferencia.

Al final, uno tiene que decir lo que tiene que decir, las palabras guardadas se encostran, se añejan, se pudren. Y no se puede andar por la vida con algo podrido por dentro. A veces es necesario sacarlo todo, aunque esto incomode a alguien más.

Dije lo que tenía que decir, lo que necesitaba decir, pero sobre todo, dije la verdad, y eso es lo más importante, porque a estas alturas del partido, ya no tengo tiempo para mentirme a mí mismo.

Si te incomodé, lo siento, en verdad, pero de todos modos ya no tiene importancia, yo ya lo dije y tú ya no tienes nada que decir. Espero que tampoco te estés mintiendo.

A veces, el silencio es la mejor respuesta.


domingo, febrero 26, 2012

Sobre una noche hace mucho tiempo.

Para mí, la premiación del Oscar significa una sola cosa: un aniversario más de una noche, hace muchos años cuando, nervioso, subí mis piernas sobre las suyas.

Un año más desde aquella noche que cambió mi vida, una vida que ahora parece ajena, lejana, perteneciente a otro mundo.

Un año más extrañándola.



viernes, febrero 24, 2012

Crotch rocket.

Crotch rocket: A machine that sits in the garage during the rainy and winter months.

Hace poco cambié mi motocicleta Virago 700cc por una Honda Shadow Spirit 750cc. Desde adolescente, me han gustado las motos (y aprendí a manejar de la mejor y más salvaje manera: como repartidor de pizzas), pero nunca, nunca me ha gustado su cultura.

De entrada, no me gustan las motocicletas de pista. Sí, sé que son muy chingonas y que el diseño y que el clítoris jamás rozado de la Virgen María y blablabla, pero no me gustan, me son indiferentes.

Lo mío son las chopper, pero así como me gusta su línea, me caga la cultura Biker. Entiéndase eso por toda su parafernalia y ritos o como le llamen a todo eso que hacen en sus motoclubs. Hasta donde entiendo, al parecer Moisés, al bajar del cerro con las Tablas de la Ley, hasta abajo decía: “Y si anduvieses en una chopper, usareis chamarras y chalecos bordados, paliacates diversos y cadenas brillantes, flecos colgantes y chaparreras homoeróticas. Y aquel que no luciese como bouncer de tabledance, incurrirá en la ira del Señor, amén”.

Para mí, todos esos uniformados, cortados con la misma tijera, no se diferencian en nada de cualquier otra tribu urbana que busca la seguridad y aceptación de la masa. Ante mis ojos, un biker, un reggaetonero y un emo no se diferencian en nada. Me niego rotundamente a tener que disfrazarme así para ganarme el derecho a andar en moto (y sí, uso chamarra de piel, pero por protección, no por estilo).

Hace no mucho, al verme en la moto, un conocido (biker) me preguntó: “¿Y andas con alguien?”, por unos segundos no entendí a que se refería y pensé en decirle “No” y darle un beso, pero luego entendí (y recordé que no soy puto) que se refería a si andaba con algún club y si salía a paseos y cosas así. Le dije que no, que no tenía tiempo y huí con mi hombría intacta.

Así que gracias, pero no gracias, yo ando en moto con tenis, pantalón de mezclilla, a veces falda y así estoy feliz. Y muy cómodo.



Las faldas se arrugan un poco, pero vale la pena


jueves, febrero 23, 2012

He drank alone.

The Forever War, Forever Free, Forever Peace, Armor, Old Man’s War, Snow Crash, Leviathan Wakes…

Tengo mucha ciencia ficción con la que ponerme al corriente. Por lo pronto, ya llevo las dos primeras partes de la primera trilogía: The Forever War (muy bueno, un poco lento, pero con un final demoledor) y Forever Free (con un cambio completo de estilo y el que al final me conectó con un Deus Ex Machina que casi me deja en la lona).

Armor empieza bien (típico antihéroe enfundado en la armadura de Ironman, o sea, como, uh, Ironman). Me gusta esa ciencia ficción, porque el protagonista es, de entrada, fácilmente asimilable y los puntos en común hacen que uno se identifique de inmediato.

De Old Man’s War, dice Wikipedia:

Old Man's War is similar in overall structure to Robert A. Heinlein's Starship Troopers and Joe Haldeman's The Forever War


No necesito mucho más para querer leerlo (aparte de la nominación al Hugo, claro).

Snow Crash es ciberpunk, y aunque no soy fan del género, estuvo nominado al Arthur C. Clarke Award, so, habrá que leerlo.

Leviathan Wakes es nuevo, y una reseña lo describe así:

“Old school space opera meets futuristic detective story with a dash of noir.”

De nuevo, no necesito más recomendaciones.

Necesito leer, regresar a esos mundos maravillosos que por tanto tiempo me acompañaron y que dejé abandonados por la realidad. Regresar, no escapar; la ciencia ficción jamás es un escape, al contrario. Nada mejor para entender el presente que navegar por el futuro.

Y como nota final, esta noticia, que me deja dos pensamientos:

1) Cerebros positrónicos.

2) Daneel!

miércoles, febrero 22, 2012

Be yourself.


Hace unos días, saliendo del estacionamiento de un bar en la motocicleta, varias personas que estaban esperando sus autos empezaron a decirme, a coro “¡Arrancón!, ¡Arrancón!”, me dio risa y sólo dije: “Ni que tuviera dieciocho años”, me despedí de mis amigos y arranqué de manera normal.

Después pensé que lo que había dicho no tenía sentido, porque tampoco lo hubiera hecho a esa edad. Cuando niño, nunca fui de los que se dejaban arrastrar por retos o bravatas, primero por miedo e inseguridad infantil, pero después, con los años, se volvió un principio de mi personalidad. Durante la adolescencia, muchísimas veces fui tachado de puto por no hacer algo a lo que había sido retado, nunca me importó mucho y en parte gracias a ello, salí bien librado de esos años turbulentos.

Hasta la fecha, algo tiene que ver eso con el hecho de casi nunca apostar (a menos que esté seguro de poder ganar, dependiendo únicamente de mi capacidad) y de desechar retos de entrada y sin siquiera considerarlos. Soy de las personas que ante un “Tú no podrías hacerlo” responde “No, no podría, ¿Cuál es el punto?” o frente a un “Te gano en ________”, concede “Muy probablemente”

Realmente nunca he sentido muy fuerte esa necesidad de probarme ante los demás. Claro, muchas veces, en una época oscura, caí en ese error, pero nunca en nada realmente importante. Ahora los únicos retos que acepto son los propios, y ni siquiera me es fácil verlos como retos propiamente; cuando tengo que hacer algo, lo hago no porque tenga algún merito o represente un sacrificio loable; lo hago porque es algo que tiene que hacerse, así de simple.

Esta particularidad (no me siento cómodo llamándola cualidad) ha llevado a varias personas a considerarme como alguien determinado o fuerte. Yo no lo veo así, nunca lo he hecho, porque en el fondo, cuando decido hacer algo, no lo siento como un peso, sino, como ya dije, algo que se tiene que hacer, como respirar o parpadear (Si las cosas en verdad me costaran el esfuerzo que parece, probablemente no las haría en primer lugar).

Al final se trata de tener el control, de hacer lo correcto en lugar de lo fácil, de no dejarse llevar. De ser uno mismo.

Ser completo.


Someone finds salvation in everyone, another only pain
Someone tries to hide himself, down inside himself he prays
Someone swears his true love until the end of time
Another runs away, separate or united, healthy or insane

And to be yourself is all that you can do.


lunes, febrero 20, 2012

De eso se trata

Desde hace unos años, cuando intenté escribir cosas un poco más serias (y aclaro por enésima vez que, por estos intentos, nunca me he considerado escritor, de la misma manera que clavar un par de clavos no te convierte en carpintero) me di cuenta que siempre he tenido una enorme tara de estilo: siempre, invariablemente, mis personajes terminan o solos o muertos. Aún cuando la historia parezca tomar otro rumbo o incluso tener un final feliz, muy dentro de sí, aún invisible y sin que lo sepan, mis personajes están solos o muertos.

Alguien con más tiempo e interés que yo podría sacar algunas obvias conclusiones psicológicas. A mí no me preocupa mucho; aún antes de empezar a escribir, esa visión trágica y fatalista ya poblaba mis fantasías. Siempre ha sido parte de mí y dudo mucho que a estas alturas del partido eso vaya a cambiar.

No sé, supongo que aunque racionalmente creo en los finales felices –o por lo menos en la capacidad de las personas de luchar y trabajar por la felicidad-, muy en el fondo sé que, al final, después de la felicidad, después del logro y de la realización, todo es fútil, todo es en vano. Al final, uno se queda solo, ya sea en vida o ya sea en la tumba.

Y creo que después de muchos años me he conciliado con esa idea. Saber que después de todo y no importando lo que hagas, al final, en el último segundo del último día de tu vida, cerrarás los ojos y no habrá nada más. Ese último paso, ese último trámite, lo haremos solos. Aceptar eso es quitarse un peso de encima; aligera la carga del fracaso y diluye el sabor amargo de la deslealtad. Es encogerse de hombros mentalmente ante la vida y la mierda que reparte.

Tal vez, en algún momento, si sigo escribiendo, mis personajes tengan otro destino que no sea la soledad, la muerte o una combinación de ambas. Aunque en el fondo no estoy muy seguro; me siento cómodo con el hecho de que mis personajes contengan parte de mí, porque creo que, después de todo, de eso se trata escribir.

De eso se trata vivir, de vaciarse.


domingo, febrero 19, 2012

Protip.

Protip: No es buena idea en todo el día tomar solo un vaso de leche y comer una lata de atún para después meterse dos horas al gimnasio, so pena de casi tener un blackout en motocicleta.

Por otro lado, nunca me he caracterizado por tener ideas brillantes y tomar buenas decisiones, meh.


sábado, febrero 18, 2012

Viejo.

Un cerezo se alza en un claro entre la hierba al fondo del jardín. No es un árbol joven; su tronco es nudoso y ajado. Es invierno y sus ramas largas y retorcidas están desnudas. Frente a él hay una vieja silla de madera.

El hombre cruza el jardín y lentamente se sienta en la silla. El hombre es viejo; su cuerpo parece imitar al árbol: nudoso, ajado, retorcido. Mira al árbol y recuerda.

Recuerda su infancia a la sombra del cerezo, los largos veranos jugando sobre sus ramas y la alegría de las incontables fantasías y aventuras en las que el árbol a veces era un aliado y otras tantas el villano. Recuerda su adolescencia y las tibias noches de agosto, cuando, cobijado bajo sus hojas, aprendió lo que era el sexo; primero a solas y después acompañado. Recuerda su boda y el nacimiento de su primer hijo, recuerda la primera vez que el niño, emocionado, subió por sus ramas. Recuerda la muerte de sus padres y después las largas noches de enfermedad que al final se llevaron a su esposa. Recuerda todos los adioses que tuvo que dar, todas las despedidas, todas las noches en silencio.

El hombre recuerda, y al recordar, vive. Un par de lágrimas recorren los profundos surcos de su rostro y caen sobre la tierra congelada. El hombre vive y llora, llora y se vacía. Y cuando el hombre recuerda todo lo que tenía que recordar y llora todo lo que tenía que llorar, muere.

El hombre muere y en el árbol, una solitaria flor de cerezo abre sus pétalos.


viernes, febrero 17, 2012

La cuerda que se rompe.

"Sereno, anclado, estático. Permanezco en punto muerto.

No, eso es una mentira o si no lo es, por lo menos es una equivocación benigna, una agrupación de metáforas erradas. Estoy declinando, declinando sin cesar. Mi marea está descendiendo.

Me revelo como una costa rocosa, desnuda y escabrosa, en la que sobre las olas que se retiran flotan oscuras y sucias algas marinas arrastradas por la corriente. Por entre las rocas, los cangrejos verdes se escabullen. Sí, declino, lo que significa que me reduzco, me atenúo. ¿Saben una cosa?, ahora me siento bastante tranquilo con respecto a eso. Por supuesto que mis estados de ánimo varían, pero

ahora me siento
bastante tranquilo
con respecto a eso."

Hace muchos años que no releo Muero por Dentro de Robert Silverberg; mis recuerdos sobre el son, a estas alturas, difusos, pero ciertas partes, como la anterior, quedaron grabadas en mi subconsciente desde la primera vez. En diferentes momentos de mi vida ese monólogo ha tenido diversos significados; a veces relacionados, a veces no. En este momento, esas palabras resuenan con una estridencia demasiado familiar.

"De repente, hay un gran silencio. Distante, oye un último sonido, un instrumento de cuerda, un violonchelo, quizá, pulsado pizzicato, un hermoso sonido melancólico. Twang. La cuerda que vibra. Twing. La cuerda que se rompe. Twong. La lira desafinada. Twang. Twing. Twong. Y nada más. El silencio le envuelve. Es un silencio terminal que retumba a través de las cavernas de su cráneo, el silencio que le sigue a la rotura de las cuerdas del violonchelo, el silencio que llega con la muerte de la música. No puede oír nada. No puede sentir nada. Está solo. Está solo.

Está solo.

- Tanto silencio - murmura -. Tan solitario. Es... tan... solitario... esto."

No pienso releerlo, no por ahora, prefiero dejar que esas palabras, fuera de contexto, tomen su propio lugar e importancia.

Pero más importante es la siguiente parte, que marca el final y a la vez, el principio, si es que se le puede considerar así:


"Ahora hay un gran silencio.

Afuera el mundo es blanco, adentro, gris. Lo acepto. Pienso que la vida será más apacible. El silencio se convertirá en mi lengua materna. Habrá descubrimientos y revelaciones, pero ningún trastorno. Es posible que más adelante el mundo vuelva a tener algo de color para mí.

En vida nos consumimos. Al morir vivimos. Recordaré eso.

Me regocijaré. Twang. Twing. Twong. Hasta que muera de nuevo, hola, hola, hola, hola."


Hasta que muera de nuevo, todo.



jueves, febrero 16, 2012

De tiempo y destiempo.

¿Qué pasaría si un día, después de morir, despertaras al inicio de ese mismo día? Sí, es parte de la premisa de Groundhog Day, y también de “All You Need Is Kill”, un libro de Hiroshi Sakurazaka, que hace poco leí. En el, un soldado de un futuro no muy distante, todos los días se enfrenta en una guerra contra un enemigo casi indestructible. Todos los días muere a los pocos minutos de comenzar la batalla. Pero a fuerza de repetir cada día una y otra vez, poco a poco, resiste vivo más y más minutos. Lucha, aprende, muere. Repite.

No voy a contar el final, pero es obvio decir que en algún momento, a base de incontables fracasos y pequeños éxitos, se convierte en una máquina de matar perfecta, implacable, hermosa.

¿Qué pasaría, si un día, después de fracasar, despertaras al inicio de ese mismo día? ¿Te volverías una mejor persona –o un mejor asesino, según las dos obras antes mencionadas- o simplemente repetirías los mismos errores una y otra vez hasta el fin de los tiempos, porque está en tu naturaleza?

No sé la respuesta.

~~~~


El viaje en el tiempo siempre me ha causado una fascinación personal.

En cuanto a sus dos direcciones, pensar en viajar al pasado me parece demasiado complicado, demasiadas variables, demasiadas paradojas. En cambio, el viaje al futuro es una hoja en blanco.

En “The Forever War” de Joe Haldeman, el viaje por el tiempo es un efecto secundario que surge de la ubicuidad del viaje por el espacio. Si al viajar uno respeta la física relativista, al acercarse a la velocidad de la luz, el tiempo transcurre más despacio. En esta novela, los protagonistas recorren el espacio durante poco tiempo subjetivo, algunas semanas o meses, pero el resultado, en el mundo objetivo, son decenas, cientos, miles de años.

¿Podría embarcarme en un viaje de un par de meses, sabiendo que al regresar habrán transcurrido cientos de años? Ningún conocido estará vivo, ningún lazo con mi pasado existirá; sería un extraño en mi propio mundo. Un anacronismo, un mito.

¿Podría cortar con todo, con todos, con mi vida, mi presente? ¿Incluso mi propio futuro, cambiándolo por una incógnita?

No sé la respuesta.


Visitas

Seguidores

Busqueda.


Archivo del blog