martes, marzo 20, 2012

Redención.

Tengo una nueva rutina en el gimnasio, una nueva meta a unos meses. Tengo una nueva meta en mi trabajo, también para dentro de unos meses. Construyo un nuevo futuro, uno muy diferente al que nunca había imaginado. Me deconstruyo para reconstruirme paso a paso. Desecho las partes de mí que ya no sirven y alimento las que me hacen más fuerte, las que me hacen avanzar; porque soy imparable, soy indestructible.

Pero entre todos mis nuevos planes personales, un viejo deseo persiste.

Redención.

Tan cerca y tan lejos.

Nunca he creído en señales y no empezaré ahora, pero hace unos días, dos cosas, sólo esas dos, cayeron de mis repisas, dos cosas a las que hace mucho tiempo no les prestaba atención.

Una es una vieja postal fechada el 20 de Febrero del 2003. La leo y sonrío. Viene de otro mundo, otro mundo que parece estar a novecientos años luz de distancia y no sólo a nueve.

La otra es una foto tomada en una costa en Portugal, fechada el 22 de Mayo del 2007. Al leerla, no sonrío. Ese mundo es más cercano, muchísimo más cercano de lo que pensé.

La leo y no sonrío, sólo puedo repetir lo que dice.


Hoy estás aquí conmigo.


Aunque no estés.

Aunque nunca vuelvas a estar.




jueves, marzo 15, 2012

lunes, marzo 12, 2012

Fucking fist to the fucking face.

Hace bastantes meses contaba sobre como noté que estaba hecho un cerdo:




Cuando me vi así, decidí bajar de peso y tratar de volver al semi estado decrépito que mantuve hace mucho tiempo. Hace casi un año de eso y pues lo he cumplido y sin contar unas semanas de hueva a fines/principio de año, he mantenido mi ritmo y sigo constante con el gimnasio y la alimentación.

He bajado unos doce kilos y hace unos días volví a entrar en una bermuda que no usaba desde hace unos cinco años. Se siente bien, como darle un madrazo en la cara a la entropía.







Ahora, vamos a ver si podemos noquearla.



jueves, marzo 08, 2012

Día Internacional de…oh Dios, aquí vamos de nuevo.

Según el doodle de Google de hoy, o es el Día de Las Manualidades con Bajo Presupuesto o El día Internacional de la Mujer.

Agregue brillantina y sopa de codito.


En lo personal, considero que “Día de la Mujer” es demasiado vago, en todo caso, debería celebrarse algo mucho más importante, como la vagi--

**sonido de disco rayado**

Wait, acabo de recordar que esto ya lo escribí hace un par de años y me doy cuenta que estaba a punto de escribirlo de nuevo. Esto me enseña dos cosas: que estoy ciclado y acabado y que la misoginia como gag cómico ya está muy gastado.

¿Y ahora qué voy a escribir?

¿Sobre las mujeres? ¿Esos seres incomprensibles, extraños y en cierta –mucha- forma, terroríficos?

No lo creo.

Y no escribiré sobre las mujeres por la misma razón por la que no escribo sobre política o arte: Porque no les entiendo un carajo.

Tampoco me colgaré de ese clavo ardiente de “A las mujeres no hay que entenderlas, hay que amarlas”, lo cual me parece muy estúpido, ¿Amar algo que no entiendes? De ser así, la humanidad estaría enamorada del 90% de las cosas. No, a las mujeres no hay que entenderlas ni amarlas ni idealizarlas por el simple hecho de ser mujeres; a las mujeres hay que tratarlas como seres humanos únicos, individuales, con virtudes y defectos. Y como las cabras dementes que son.

Porque es inevitable que en algún momento (a menos que uno sea puto y disfrute de ingentes cantidades de dulce sexo anal) uno termine enamorándose de una mujer y entonces sí, que Dios y los veinticuatro testículos de los doce apóstoles lo libren del martirio de tratar de entender a una mujer bajo esas condiciones. En esos casos, lo más conveniente y recomendado por la Convención de Ginebra, es cerrar los ojos y prepararse para el madrazo.

Porque no se engañen; con las mujeres, como con el vodka, las cosas siempre terminan en desastre. Pero, ¿no es acaso el mejor desastre del mundo?

Así que, ¡salud! Felicidades en su día, incomprensibles e imprescindibles cabras dementes.


martes, marzo 06, 2012

Confesión.

No amo la comida.

Claro, la comida me cae bien y nunca he tenido grandes diferencias con ella (más allá de la eventual infección estomacal y el conflicto de intereses sobre mantenerse dentro o afuera y el método de salida), pero amar la comida, sentir pasión y locura por ella, no, nada.

Soy de esas personas que rara vez sienten antojos mortales. Sí, muchas veces se me antojan cosas en específico, pero si no las tengo a la mano, con comer cualquier cosa, el hambre y el antojo desaparecen. En cuanto a alimentación, soy la persona más aburrida del mundo.

Y esto puede sonar extraño viniendo de un ex gordo (alguna vez pesé 94 kilos, y hasta hace un año pesaba 84) que literalmente comía puros antojos y porquerías diversas, pero creo que justamente ese modo de vida –y su posterior abandono- tuvieron la culpa de que ahora, la comida me de, básica y prácticamente, lo mismo.

Por ejemplo, llevo unas tres semanas con el apetito completamente muerto y he estado comiendo lo mismo todos los días: cereal por la mañana, atún a medio día y de nuevo cereal por la noche. Todos.los.días. Claro, el fin de semana me atasco de cerveza, whiskey y pizza, pero eso tiene más que ver con costumbres y rituales que con la comida per se.

Justo en unas semanas voy a cumplir un año de que empecé mi régimen alimenticio actual, que, para una persona normal, es horrible, insípido y soul-crushing, pero para mí, como el sociópata que soy, es completamente aceptable. Este régimen lo inicié de un día para otro, cortando de tajo con las porquerías y fritangas. Dicho cambio no me costó ningún trabajo y hasta la fecha no sólo lo he mantenido, sino que incluso lo he simplificado (antes preparaba las pechugas de pollo con ensaladas, verduras y condimentos; hoy sólo las aso a la plancha y las como así, en tres bocados, sin más, lo mismo con el atún, que si ando con ganas, le pongo media lata de verduras y ya).

Creo que es por eso que me es tan difícil entender porque la gente engorda y le cuesta tanto trabajo comer bien. Cuando escucho que alguien no aguanta más y se rinde ante un antojo (y se justifica de mil maneras) para mí no tiene sentido, ¿Si no querías ceder y comer eso, por qué no comiste algo más? y no se trata de fuerza de voluntad ni de dejar de comer, pero –repito-, la comida es comida y cumple la misma función, sólo escoge lo que menos daño te haga y ya.

Y para cerrar, no puedo dejar pasar una de mis mayores incongruencias y curiosidades: Después de aclarar que para mí una esponja y un bagel son iguales en cuanto a su capacidad para quitar el hambre, confieso que me gustan los programas de comida. Por ejemplo, me encanta el programa de Anthony Bourdain y Man Vs. Food, también los de comidas exóticas e incluso los tan de moda sobre pasteles y cupcakes. Supongo que es algo de morbo y curiosidad; me gusta ver como la gente disfruta la comida; me maravilla su amor y dedicación a ella, cuando a mí me vale tanto madres.

Soy un monstruo.


jueves, marzo 01, 2012

La larga marcha.

Estoy agotado. Física y mentalmente estoy agotado.

Me siento como Raymond Davis, el protagonista de “La Larga Marcha” de Stephen King, caminando, siempre caminando sin detenerse, por días, por meses, por años. Siempre hacia adelante, pensando, sin pensar, un paso más.

Dormir, trabajar, gimnasio, cansancio. Una repetición más, un poco de peso más.

Dormir, trabajar, pensar, cansancio. Un pensamiento menos, un poco de peso menos.

Para permanecer en el mismo lugar, hay que avanzar mucho. Aunque al final sólo haya una sombra, o nada. No importa, adelante, un paso más, un pensamiento menos.

Adelante. No hay final, nunca lo hay, sólo una sombra a lo lejos, ya llegaré.


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