Soñé contigo, cosa que no pasaba hace muchísimo tiempo.
Estábamos en una cama, tratando de dormir después de una
fiesta. Como suele pasar en los sueños, estábamos ahí sin explicación. Yo
miraba el techo sin hacer conversación para no volver aún más incómodo el
momento. Supe que me quedé dormido y tú también (a dream within a dream).
Desperté y te encontré recargada en mi pecho, respirando suavemente. No quise
moverme para no despertarte, pero, como si me escucharas pensar, abriste los
ojos y miraste directamente a los míos. Y sin decir nada, me besaste. Fue el
beso más largo que jamás nos dimos.
El sueño saltó sin transición. Estábamos en un sauna, tu
recostada de espaldas sobre mis piernas, la toalla cayéndote hasta la cadera. Y
esto lo recuerdo bien (en cuanto desperté, escribí todo lo que pude sobre el
sueño, mientras aún lo tenía fresco en la memoria): en tu espalda, dibujados
perfectamente, estaban esos tres lunares, ese pequeño cinturón de Orión en el
que no pensaba desde hace años.
Un nuevo salto: Un departamento cliché, platicando sobre
todo y nada. Televisión al fondo, un libro en mi mano entrecerrado a media
lectura. Tú preocupada por algo, yo levantándome y abrazándote diciendo
palabras que no recuerdo, tu sonrisa, tímida al principio, franca y abierta al
final.
Último salto. Caminando por la calle, tomados de la mano.
Ibas a trabajar y te acompañaba a tu auto, estacionado a lo lejos sobre una
calle llena de hojas secas. Usabas un saco que te quedaba enorme y acomodabas
tu cabello corto. Parecías un niño vestido de adulto y te lo dije, reíste y tu
cabello comenzó a crecer y crecer y tus ojos a iluminarse. Retiré los mechones
que cubrían tus ojos y miré tu rostro resplandeciente. Eras hermosa.
Me alejé y mientras abrías la puerta de tu auto, te dije
algo, no sé que fue, pero recuerdo la sensación y tranquilidad al decirlo. Me
pediste que esperara y caminaste hacía mí. Me tomaste de la cara y mirándome a
los ojos, me diste un beso, luego te alejaste sonriendo.
Eso fue todo, no recuerdo nada más. Por lo general, después
de este tipo de sueños, el despertar suele ser agridulce por el choque
repentino con la realidad. En este caso no fue así, simplemente sonreí
tranquilo y agradecido. Volví a dormir y soñé sin recordar nada.