Creo que poco he hablado de
esto, pero siempre he considerado que mi vida se divide en dos grandes partes:
mi vida pre-internet y mi vida post-internet (yes, I'm that old, more of that
in a minute).
Antes de internet, tuve la vida
común, corriente y esperable de un adolescente Gen X y joven adulto: aventuras
rupestres, anécdotas irresponsables, sangrías con sanguijuelas y situaciones salpicadas del
salvajismo y funabilidad de una época que solo la ausencia de celulares y redes
sociales permitía y que hoy sería imposible.
Pero entonces, a eso de los 23
años (se los dije, I’m fucking ancient), internet llegó a las masas y a mis
manos. Y fue ahí donde todo cambió para mí. La Supercarretera de la Información
(otro gag que los menores de 30 no entenderán porque estaban muy ocupados en el kinder en lugar de estar recorriendo la serie de tubos de la Supercarretera de la Información) me abrió un mundo nuevo en donde
podía alimentar la encantadora personalidad y fino humor inglés que había
germinado durante el oscurantismo de mi adolescencia. Fue una época de la que
no me enorgullezco, pero que hasta la fecha me da risa. Risa y pena ajena,
porque efectivamente, en los inicios de internet, como José José, fui de todo y
sin medida.
Por supuesto que fui el troll que
se metía a los foros de Univisión a pelearse con cristianos, con astrólogos, esoteristas,
fans de Star Wars o con quien se dejara o cometiera el error de contestar cualquiera de mis pendejadas. (Fun fact para los OG: Óscar Akira me baneó cerca
de 20 cuentas en los foros de Atomix; incluso cambiaron las reglas por mi
culpa). Nomás quería llamar la atención y sentirme intelectualmente superior.
Afortunadamente, fue solo una etapa que eventualmente se terminó. El año
pasado. No me arrepiento de nada.
Luego conocí los blogs y tuve mis
15 minutos de fama. Y es aquí en donde internet realmente comenzó a impactar de
una manera real mi vida, porque gracias a esos 15 minutos de fama, puedo
asegurar que ahora llevo esta vida de miseria, decepción y horrores
lovecraftianos. Nocierto. Bueno, sí es cierto que gracias al blog conocí a
muchas de las personas que, hasta el día de hoy, en este momento, han hecho de
mi vida un lugar del que estoy infinitamente agradecido.
Gracias al blog y las
subsecuentes redes sociales que infecté (Twitter, Instagram, Sexy ⚤
No), conocí a los grandes amores de mi vida y las
amistades que (me) han soportado todos estos años. No
exagero cuando digo que gracias a esas personas soy quien soy el día de hoy, para bien y para mal. Sobre todo mal. Me deslindo y
los culpo directamente. Cómo se atreven.
Por eso divido mi vida en esas
dos partes, porque he visto de primera mano (en mis conocidos contemporáneos)
la posible vida que llevaría si hubiera dicho —como me dijeron, y cito
textualmente—: “Internet? Esa mamada qué? Es para ñoños y jotos”. En este
momento tal vez usaría pantalones caquis y camisas polo fajadas, iría los
viernes al botanero con los de la oficina e iría al cine dos veces al año. O
tal vez no. Las posibilidades son muchas, pero estoy seguro de que ninguna se
le acercaría a lo que es mi realidad. Y me alegro.
¿Y todo esto a qué viene? Pues no
mucho, realmente. Hoy cumplo 48 años y eso me hizo reflexionar que, aunque
cronológicamente ya califico como viejo rancio, en realidad no me siento como
tal.
Tenía 27 años cuando escribí la
primera entrada en este blog, y aunque obviamente —y gracias a Dios— ya no soy
la misma persona, puedo ver claramente el camino recorrido y muchas de las
razones —y personas— por las que no me siento tan acabado, por lo menos
intelectual y emocionalmente. (¿Han visto a un Gen X derrotado por la vida? Es
una imagen tristísima). Creo sinceramente que internet me ha mantenido en
constante movimiento, en continuo crecimiento (con todos los errores que esto
conlleva, que son, como diría Ibargüengoitia, un putamadral), y esto ha
permitido que las aguas del manantial que es mi vida (They should have sent a poet)
no estén tan estancadas y no apesten a aguas de albañal. Tan.
Siempre digo que sigo esperando
la crisis de la mediana edad (de hecho, sigo esperando la crisis de los 20 y
los 30). Sospecho que me van a llegar todas de golpe en forma de una
supercrisis transformer-kaiju-ectoplásmica y seguramente me compraré un
scooter, encontraré a Jesús y diré cosas como: “Lo que es para ti, te
encuentra”.
Los veré en el infierno. Desde el
cielo.
![]() |
| Mira mamá, sin filtros. |
Yo.


