martes, octubre 16, 2012

De nada.


Es curioso, desde hace un tiempo en twitter (hey, ya todos estamos en twitter, de hecho, no sé que estoy haciendo aquí) he notado una alza en azotes, quejas y un aumento general en la cantidad de arena vaginal y el mame. Y está bien, para eso inventé twitter. 

De nada.

En lo personal me parece curioso porque, por el momento (y también desde hace un tiempo), no he usado twitter para quejarme. Y no es que me falten motivos -porque el mame y la quejadera siempre, siempre encuentran pretextos-, simplemente, no me encuentro con ánimos. No sé si se debe a la edad, a lo decrepito, a lo senil o a la edad, pero no le veo el caso. Podría decir que he alcanzado, a base de patadas en el culo, un nirvana online en el que sólo hay cabida para banalidades y sexo anal.

Y respeto a los que lo hacen, en verdad; cada quien hace lo que puede para sanarse o –en su caso- destruirse. Yo mismo he usado twitter como tiradero mental muchas veces y me ha servido, por eso me agradezco el haberlo inventado.

De nada.

Yo sólo venía a dejar esta pequeñísima reflexión y a quitarle un poco de polvo a este lugar, pero ya estando aquí, me doy cuenta de cuanto me ha atrofiado twitter para escribir. Antes, cuando este blog y yo éramos más jóvenes y más bellos, las palabras fluían como un frio manantial de la montaña bajando por las rocas hasta convertirse en un claro riachuelo en medio de un hermoso valle en donde los niños reían,  jugaban y se orinaban; las estupideces brotaban de mis dedos tan fácilmente como brota el sudor de una gorda comiendo pozole. Pero ¿ahora?, ahora no, ahora me cuesta, ahora siento que en cualquier momento me pasaré de los 140 caracteres y entonces tendré que reescribir las palabras, reordenar las ideas, cambiar mi percepción de la vida o, como casi siempre, usar un insulto más corto.

Porque esa es una de las ventajas de twitter, que nos ha enseñado a ser estúpidos, insultantes y quejicas de una manera concisa, sucinta y directa. Nunca en la historia de la humanidad se habían escrito tantas pendejadas con tan pocas palabras (para pendejadas con muchas palabras, están los blogs). Gracias a twitter, de ahora en adelante los epitafios serán mejores, más ingeniosos e informativos. O tendrán hashtags, porque la gente seguirá siendo estúpida hasta la tumba.

Bueno, regresemos a twittear sobre comida, series y sexo anal.



P.S. De nada.

jueves, julio 05, 2012

De la nada.


Soñé contigo, cosa que no pasaba hace muchísimo tiempo.

Estábamos en una cama, tratando de dormir después de una fiesta. Como suele pasar en los sueños, estábamos ahí sin explicación. Yo miraba el techo sin hacer conversación para no volver aún más incómodo el momento. Supe que me quedé dormido y tú también (a dream within a dream). Desperté y te encontré recargada en mi pecho, respirando suavemente. No quise moverme para no despertarte, pero, como si me escucharas pensar, abriste los ojos y miraste directamente a los míos. Y sin decir nada, me besaste. Fue el beso más largo que jamás nos dimos.

El sueño saltó sin transición. Estábamos en un sauna, tu recostada de espaldas sobre mis piernas, la toalla cayéndote hasta la cadera. Y esto lo recuerdo bien (en cuanto desperté, escribí todo lo que pude sobre el sueño, mientras aún lo tenía fresco en la memoria): en tu espalda, dibujados perfectamente, estaban esos tres lunares, ese pequeño cinturón de Orión en el que no pensaba desde hace años.

Un nuevo salto: Un departamento cliché, platicando sobre todo y nada. Televisión al fondo, un libro en mi mano entrecerrado a media lectura. Tú preocupada por algo, yo levantándome y abrazándote diciendo palabras que no recuerdo, tu sonrisa, tímida al principio, franca y abierta al final.

Último salto. Caminando por la calle, tomados de la mano. Ibas a trabajar y te acompañaba a tu auto, estacionado a lo lejos sobre una calle llena de hojas secas. Usabas un saco que te quedaba enorme y acomodabas tu cabello corto. Parecías un niño vestido de adulto y te lo dije, reíste y tu cabello comenzó a crecer y crecer y tus ojos a iluminarse. Retiré los mechones que cubrían tus ojos y miré tu rostro resplandeciente. Eras hermosa.

Me alejé y mientras abrías la puerta de tu auto, te dije algo, no sé que fue, pero recuerdo la sensación y tranquilidad al decirlo. Me pediste que esperara y caminaste hacía mí. Me tomaste de la cara y mirándome a los ojos, me diste un beso, luego te alejaste sonriendo.

Eso fue todo, no recuerdo nada más. Por lo general, después de este tipo de sueños, el despertar suele ser agridulce por el choque repentino con la realidad. En este caso no fue así, simplemente sonreí tranquilo y agradecido. Volví a dormir y soñé sin recordar nada.

martes, mayo 22, 2012

Happy Birthday, asshole.

Hoy cumplo 35 años.

 Nunca le he dado importancia a mis cumpleaños. Hasta donde sé, esto viene desde que era niño; (no recuerdo alguna fiesta importante en mi honor). Una parte de esto es porque no le veo el mayor mérito a cumplir años; básicamente, lo único que uno celebra es no haberse muerto durante todo un año, logro que solamente unos cuantos miles de millones de personas alcanzan también.

 Pero este año es un poco diferente, tal vez se deba a que, no sé porque, siento que estoy exactamente a la mitad de mi vida, lo que significa, si tengo mucha o poca suerte (depende) que moriré a los setenta años, justo antes de la senilidad y la incontinencia, lo cual me parece perfecto. Suficiente se tiene con vivir con la mierda de los demás como para terminar viviendo en la propia.

Esto me lleva a otro asunto que me ha intrigado desde hace unos años: la crisis de la mediana edad. 

Sinceramente no sé si ya me la salté o -lo más probable- si me pegó desde hace mucho, porque sigo igual de idiota que a los veinte años. Sigo tatuándome, sigo andando en motocicleta, sigo leyendo comics, jugando videojuegos, diciendo y escribiendo barbaridades. Me gusta pensar que mi niño idiota interno está muy sano e intacto después de tantos años.

 Y decía que este año es diferente porque, con el tiempo, me he vuelto muchísimo más tolerante; por ejemplo, este año, por primera vez, hice visible la fecha en Facebook y por lo tanto, estoy recibiendo felicitaciones de muchos conocidos. Esto para mí es un logro, porque, básicamente, odio a casi toda la gente.

Esta tolerancia se ha extendido a muchas facetas de mi vida. He dejado ir muchas cosas, he deconstruido partes de mi personalidad y en general, estoy en paz conmigo mismo, y por consiguiente, con el mundo. A pesar de estar rodeado de idiotas la mayor parte del tiempo, estoy contento y con planes a futuro*. Por ejemplo, pienso ponerme hasta el culo el próximo viernes, que es mi fiesta anual con la gente que menos odio en el mundo y que a veces, en momentos de debilidad, llamo amigos.

*Hey, a mi edad, es un lujo planear algo a una semana de distancia.

Así que a la mitad de mi vida, en esas estamos; estoy contento y tranquilo, rodeado de gente que aprecio y me aprecia y, lo más importante, después de tantos años, tantos tropiezos y aciertos, sigo siendo yo, o mejor dicho, una mejor versión de mi mismo.



Mi mismo.



sábado, marzo 03, 2012

La larga marcha.

Estoy agotado. Física y mentalmente estoy agotado.
Me siento como Raymond Davis, el protagonista de “La Larga Marcha” de Stephen King, caminando, siempre caminando sin detenerse, por días, por meses, por años. Siempre hacia adelante, pensando, sin pensar, un paso más.
Dormir, trabajar, gimnasio, cansancio. Una repetición más, un poco de peso más.
Dormir, trabajar, pensar, cansancio. Un pensamiento menos, un poco de peso menos.
Para permanecer en el mismo lugar, hay que avanzar mucho. Aunque al final sólo haya una sombra, o nada. No importa, adelante, un paso más, un pensamiento menos.
Adelante. No hay final, nunca lo hay, sólo una sombra a lo lejos, ya llegaré.

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