martes, octubre 16, 2012

De nada.


Es curioso, desde hace un tiempo en twitter (hey, ya todos estamos en twitter, de hecho, no sé que estoy haciendo aquí) he notado una alza en azotes, quejas y un aumento general en la cantidad de arena vaginal y el mame. Y está bien, para eso inventé twitter. 

De nada.

En lo personal me parece curioso porque, por el momento (y también desde hace un tiempo), no he usado twitter para quejarme. Y no es que me falten motivos -porque el mame y la quejadera siempre, siempre encuentran pretextos-, simplemente, no me encuentro con ánimos. No sé si se debe a la edad, a lo decrepito, a lo senil o a la edad, pero no le veo el caso. Podría decir que he alcanzado, a base de patadas en el culo, un nirvana online en el que sólo hay cabida para banalidades y sexo anal.

Y respeto a los que lo hacen, en verdad; cada quien hace lo que puede para sanarse o –en su caso- destruirse. Yo mismo he usado twitter como tiradero mental muchas veces y me ha servido, por eso me agradezco el haberlo inventado.

De nada.

Yo sólo venía a dejar esta pequeñísima reflexión y a quitarle un poco de polvo a este lugar, pero ya estando aquí, me doy cuenta de cuanto me ha atrofiado twitter para escribir. Antes, cuando este blog y yo éramos más jóvenes y más bellos, las palabras fluían como un frio manantial de la montaña bajando por las rocas hasta convertirse en un claro riachuelo en medio de un hermoso valle en donde los niños reían,  jugaban y se orinaban; las estupideces brotaban de mis dedos tan fácilmente como brota el sudor de una gorda comiendo pozole. Pero ¿ahora?, ahora no, ahora me cuesta, ahora siento que en cualquier momento me pasaré de los 140 caracteres y entonces tendré que reescribir las palabras, reordenar las ideas, cambiar mi percepción de la vida o, como casi siempre, usar un insulto más corto.

Porque esa es una de las ventajas de twitter, que nos ha enseñado a ser estúpidos, insultantes y quejicas de una manera concisa, sucinta y directa. Nunca en la historia de la humanidad se habían escrito tantas pendejadas con tan pocas palabras (para pendejadas con muchas palabras, están los blogs). Gracias a twitter, de ahora en adelante los epitafios serán mejores, más ingeniosos e informativos. O tendrán hashtags, porque la gente seguirá siendo estúpida hasta la tumba.

Bueno, regresemos a twittear sobre comida, series y sexo anal.



P.S. De nada.

jueves, julio 05, 2012

De la nada.


Soñé contigo, cosa que no pasaba hace muchísimo tiempo.

Estábamos en una cama, tratando de dormir después de una fiesta. Como suele pasar en los sueños, estábamos ahí sin explicación. Yo miraba el techo sin hacer conversación para no volver aún más incómodo el momento. Supe que me quedé dormido y tú también (a dream within a dream). Desperté y te encontré recargada en mi pecho, respirando suavemente. No quise moverme para no despertarte, pero, como si me escucharas pensar, abriste los ojos y miraste directamente a los míos. Y sin decir nada, me besaste. Fue el beso más largo que jamás nos dimos.

El sueño saltó sin transición. Estábamos en un sauna, tu recostada de espaldas sobre mis piernas, la toalla cayéndote hasta la cadera. Y esto lo recuerdo bien (en cuanto desperté, escribí todo lo que pude sobre el sueño, mientras aún lo tenía fresco en la memoria): en tu espalda, dibujados perfectamente, estaban esos tres lunares, ese pequeño cinturón de Orión en el que no pensaba desde hace años.

Un nuevo salto: Un departamento cliché, platicando sobre todo y nada. Televisión al fondo, un libro en mi mano entrecerrado a media lectura. Tú preocupada por algo, yo levantándome y abrazándote diciendo palabras que no recuerdo, tu sonrisa, tímida al principio, franca y abierta al final.

Último salto. Caminando por la calle, tomados de la mano. Ibas a trabajar y te acompañaba a tu auto, estacionado a lo lejos sobre una calle llena de hojas secas. Usabas un saco que te quedaba enorme y acomodabas tu cabello corto. Parecías un niño vestido de adulto y te lo dije, reíste y tu cabello comenzó a crecer y crecer y tus ojos a iluminarse. Retiré los mechones que cubrían tus ojos y miré tu rostro resplandeciente. Eras hermosa.

Me alejé y mientras abrías la puerta de tu auto, te dije algo, no sé que fue, pero recuerdo la sensación y tranquilidad al decirlo. Me pediste que esperara y caminaste hacía mí. Me tomaste de la cara y mirándome a los ojos, me diste un beso, luego te alejaste sonriendo.

Eso fue todo, no recuerdo nada más. Por lo general, después de este tipo de sueños, el despertar suele ser agridulce por el choque repentino con la realidad. En este caso no fue así, simplemente sonreí tranquilo y agradecido. Volví a dormir y soñé sin recordar nada.

martes, mayo 22, 2012

Happy Birthday, asshole.

Hoy cumplo 35 años.

 Nunca le he dado importancia a mis cumpleaños. Hasta donde sé, esto viene desde que era niño; (no recuerdo alguna fiesta importante en mi honor). Una parte de esto es porque no le veo el mayor mérito a cumplir años; básicamente, lo único que uno celebra es no haberse muerto durante todo un año, logro que solamente unos cuantos miles de millones de personas alcanzan también.

 Pero este año es un poco diferente, tal vez se deba a que, no sé porque, siento que estoy exactamente a la mitad de mi vida, lo que significa, si tengo mucha o poca suerte (depende) que moriré a los setenta años, justo antes de la senilidad y la incontinencia, lo cual me parece perfecto. Suficiente se tiene con vivir con la mierda de los demás como para terminar viviendo en la propia.

Esto me lleva a otro asunto que me ha intrigado desde hace unos años: la crisis de la mediana edad. 

Sinceramente no sé si ya me la salté o -lo más probable- si me pegó desde hace mucho, porque sigo igual de idiota que a los veinte años. Sigo tatuándome, sigo andando en motocicleta, sigo leyendo comics, jugando videojuegos, diciendo y escribiendo barbaridades. Me gusta pensar que mi niño idiota interno está muy sano e intacto después de tantos años.

 Y decía que este año es diferente porque, con el tiempo, me he vuelto muchísimo más tolerante; por ejemplo, este año, por primera vez, hice visible la fecha en Facebook y por lo tanto, estoy recibiendo felicitaciones de muchos conocidos. Esto para mí es un logro, porque, básicamente, odio a casi toda la gente.

Esta tolerancia se ha extendido a muchas facetas de mi vida. He dejado ir muchas cosas, he deconstruido partes de mi personalidad y en general, estoy en paz conmigo mismo, y por consiguiente, con el mundo. A pesar de estar rodeado de idiotas la mayor parte del tiempo, estoy contento y con planes a futuro*. Por ejemplo, pienso ponerme hasta el culo el próximo viernes, que es mi fiesta anual con la gente que menos odio en el mundo y que a veces, en momentos de debilidad, llamo amigos.

*Hey, a mi edad, es un lujo planear algo a una semana de distancia.

Así que a la mitad de mi vida, en esas estamos; estoy contento y tranquilo, rodeado de gente que aprecio y me aprecia y, lo más importante, después de tantos años, tantos tropiezos y aciertos, sigo siendo yo, o mejor dicho, una mejor versión de mi mismo.



Mi mismo.



martes, marzo 20, 2012

Redención.

Tengo una nueva rutina en el gimnasio, una nueva meta a unos meses. Tengo una nueva meta en mi trabajo, también para dentro de unos meses. Construyo un nuevo futuro, uno muy diferente al que nunca había imaginado. Me deconstruyo para reconstruirme paso a paso. Desecho las partes de mí que ya no sirven y alimento las que me hacen más fuerte, las que me hacen avanzar; porque soy imparable, soy indestructible.

Pero entre todos mis nuevos planes personales, un viejo deseo persiste.

Redención.

Tan cerca y tan lejos.

Nunca he creído en señales y no empezaré ahora, pero hace unos días, dos cosas, sólo esas dos, cayeron de mis repisas, dos cosas a las que hace mucho tiempo no les prestaba atención.

Una es una vieja postal fechada el 20 de Febrero del 2003. La leo y sonrío. Viene de otro mundo, otro mundo que parece estar a novecientos años luz de distancia y no sólo a nueve.

La otra es una foto tomada en una costa en Portugal, fechada el 22 de Mayo del 2007. Al leerla, no sonrío. Ese mundo es más cercano, muchísimo más cercano de lo que pensé.

La leo y no sonrío, sólo puedo repetir lo que dice.


Hoy estás aquí conmigo.


Aunque no estés.

Aunque nunca vuelvas a estar.




jueves, marzo 15, 2012

lunes, marzo 12, 2012

Fucking fist to the fucking face.

Hace bastantes meses contaba sobre como noté que estaba hecho un cerdo:




Cuando me vi así, decidí bajar de peso y tratar de volver al semi estado decrépito que mantuve hace mucho tiempo. Hace casi un año de eso y pues lo he cumplido y sin contar unas semanas de hueva a fines/principio de año, he mantenido mi ritmo y sigo constante con el gimnasio y la alimentación.

He bajado unos doce kilos y hace unos días volví a entrar en una bermuda que no usaba desde hace unos cinco años. Se siente bien, como darle un madrazo en la cara a la entropía.







Ahora, vamos a ver si podemos noquearla.



jueves, marzo 08, 2012

Día Internacional de…oh Dios, aquí vamos de nuevo.

Según el doodle de Google de hoy, o es el Día de Las Manualidades con Bajo Presupuesto o El día Internacional de la Mujer.

Agregue brillantina y sopa de codito.


En lo personal, considero que “Día de la Mujer” es demasiado vago, en todo caso, debería celebrarse algo mucho más importante, como la vagi--

**sonido de disco rayado**

Wait, acabo de recordar que esto ya lo escribí hace un par de años y me doy cuenta que estaba a punto de escribirlo de nuevo. Esto me enseña dos cosas: que estoy ciclado y acabado y que la misoginia como gag cómico ya está muy gastado.

¿Y ahora qué voy a escribir?

¿Sobre las mujeres? ¿Esos seres incomprensibles, extraños y en cierta –mucha- forma, terroríficos?

No lo creo.

Y no escribiré sobre las mujeres por la misma razón por la que no escribo sobre política o arte: Porque no les entiendo un carajo.

Tampoco me colgaré de ese clavo ardiente de “A las mujeres no hay que entenderlas, hay que amarlas”, lo cual me parece muy estúpido, ¿Amar algo que no entiendes? De ser así, la humanidad estaría enamorada del 90% de las cosas. No, a las mujeres no hay que entenderlas ni amarlas ni idealizarlas por el simple hecho de ser mujeres; a las mujeres hay que tratarlas como seres humanos únicos, individuales, con virtudes y defectos. Y como las cabras dementes que son.

Porque es inevitable que en algún momento (a menos que uno sea puto y disfrute de ingentes cantidades de dulce sexo anal) uno termine enamorándose de una mujer y entonces sí, que Dios y los veinticuatro testículos de los doce apóstoles lo libren del martirio de tratar de entender a una mujer bajo esas condiciones. En esos casos, lo más conveniente y recomendado por la Convención de Ginebra, es cerrar los ojos y prepararse para el madrazo.

Porque no se engañen; con las mujeres, como con el vodka, las cosas siempre terminan en desastre. Pero, ¿no es acaso el mejor desastre del mundo?

Así que, ¡salud! Felicidades en su día, incomprensibles e imprescindibles cabras dementes.


martes, marzo 06, 2012

Confesión.

No amo la comida.

Claro, la comida me cae bien y nunca he tenido grandes diferencias con ella (más allá de la eventual infección estomacal y el conflicto de intereses sobre mantenerse dentro o afuera y el método de salida), pero amar la comida, sentir pasión y locura por ella, no, nada.

Soy de esas personas que rara vez sienten antojos mortales. Sí, muchas veces se me antojan cosas en específico, pero si no las tengo a la mano, con comer cualquier cosa, el hambre y el antojo desaparecen. En cuanto a alimentación, soy la persona más aburrida del mundo.

Y esto puede sonar extraño viniendo de un ex gordo (alguna vez pesé 94 kilos, y hasta hace un año pesaba 84) que literalmente comía puros antojos y porquerías diversas, pero creo que justamente ese modo de vida –y su posterior abandono- tuvieron la culpa de que ahora, la comida me de, básica y prácticamente, lo mismo.

Por ejemplo, llevo unas tres semanas con el apetito completamente muerto y he estado comiendo lo mismo todos los días: cereal por la mañana, atún a medio día y de nuevo cereal por la noche. Todos.los.días. Claro, el fin de semana me atasco de cerveza, whiskey y pizza, pero eso tiene más que ver con costumbres y rituales que con la comida per se.

Justo en unas semanas voy a cumplir un año de que empecé mi régimen alimenticio actual, que, para una persona normal, es horrible, insípido y soul-crushing, pero para mí, como el sociópata que soy, es completamente aceptable. Este régimen lo inicié de un día para otro, cortando de tajo con las porquerías y fritangas. Dicho cambio no me costó ningún trabajo y hasta la fecha no sólo lo he mantenido, sino que incluso lo he simplificado (antes preparaba las pechugas de pollo con ensaladas, verduras y condimentos; hoy sólo las aso a la plancha y las como así, en tres bocados, sin más, lo mismo con el atún, que si ando con ganas, le pongo media lata de verduras y ya).

Creo que es por eso que me es tan difícil entender porque la gente engorda y le cuesta tanto trabajo comer bien. Cuando escucho que alguien no aguanta más y se rinde ante un antojo (y se justifica de mil maneras) para mí no tiene sentido, ¿Si no querías ceder y comer eso, por qué no comiste algo más? y no se trata de fuerza de voluntad ni de dejar de comer, pero –repito-, la comida es comida y cumple la misma función, sólo escoge lo que menos daño te haga y ya.

Y para cerrar, no puedo dejar pasar una de mis mayores incongruencias y curiosidades: Después de aclarar que para mí una esponja y un bagel son iguales en cuanto a su capacidad para quitar el hambre, confieso que me gustan los programas de comida. Por ejemplo, me encanta el programa de Anthony Bourdain y Man Vs. Food, también los de comidas exóticas e incluso los tan de moda sobre pasteles y cupcakes. Supongo que es algo de morbo y curiosidad; me gusta ver como la gente disfruta la comida; me maravilla su amor y dedicación a ella, cuando a mí me vale tanto madres.

Soy un monstruo.


jueves, marzo 01, 2012

La larga marcha.

Estoy agotado. Física y mentalmente estoy agotado.

Me siento como Raymond Davis, el protagonista de “La Larga Marcha” de Stephen King, caminando, siempre caminando sin detenerse, por días, por meses, por años. Siempre hacia adelante, pensando, sin pensar, un paso más.

Dormir, trabajar, gimnasio, cansancio. Una repetición más, un poco de peso más.

Dormir, trabajar, pensar, cansancio. Un pensamiento menos, un poco de peso menos.

Para permanecer en el mismo lugar, hay que avanzar mucho. Aunque al final sólo haya una sombra, o nada. No importa, adelante, un paso más, un pensamiento menos.

Adelante. No hay final, nunca lo hay, sólo una sombra a lo lejos, ya llegaré.


miércoles, febrero 29, 2012

Sobre la mediocridad.

Hace unos días hablaba sobre mi particularidad de no tener mucho problema en hacer las cosas que tienen que hacerse. Bueno, pues esta particularidad sólo aplica a mi vida personal/social, no a la laboral.

O, hasta hace poco, no aplicaba.

Me explico.

Siempre he envidiado un poco a la gente que ama su trabajo, que se emociona y siente pasión por lo que hace. Yo no, siempre he visto el trabajo como un medio, no un fin. Mi trabajo no me define, no dice quién soy. Para mí, un buen trabajo es el que te permite el tener el mayor tiempo y medios para disfrutar tu tiempo libre. Nunca he entendido y de hecho, siento un poco de pena por esa gente que vive para trabajar, cuando debería ser lo contrario.

Pero desde hace un tiempo, decidí que ya era hora de aplicar mis poderes particulares mutantes a mi vida laboral y, como primer paso, presenté el examen del Ceneval (y lo pasé con 9.5, porque, ¿por qué no?), ahora sigue la carrera de una manera similar.

Con esto, subí de puesto, y ahora, mis responsabilidades se duplicaron y estoy a cargo de cosas que nadie en su sano juicio debería dejarme a cargo, pero no importa, porque tengo que hacerlo y lo estoy haciendo. Lo curioso es que, por lo que veo, el único sorprendido soy yo; mis jefes estan confiados en que puedo hacer lo que me piden (y ayuda bastante el que yo diga que sí a todo y, más importante, que lo cumpla o por lo menos lo intente). Mi sorpresa nace de que me está gustando lo que estoy haciendo (en un sentido figurado, en realidad mi trabajo es el de un drone burocratico común y corriente), me gusta el hecho de que me piden hacer algo que no sé como se hace y lo averiguo y creo entenderlo y la cago y lo intento de nuevo y en algún momento, funciona.

Tal vez esto sea normal para todos ustedes; para mí no, como dije, en toda mi vida laboral nunca me interesó sobresalir, siempre mantuve un perfil bajo y navegué con bandera de pendejo –sí, cosa fácil-, pero ahora, quiero ver hasta donde puedo llegar, why? Because fuck you, that’s why. Pero aclaro, voy a exprimir mis capacidades sin sacrificar mi vida privada, porque eso siempre será prioridad.

Porque para mí, la mediocridad no radica en dejar un trabajo a medias; radica en dejar la vida a medias. Eso es ser mediocre.



martes, febrero 28, 2012

Años luz.

Solía posar las puntas de mis dedos sobre la miríada de estrellas de tu espalda y hombros, pasando de una a otra y a otra y a otra. Nunca te lo dije, pero en mi imaginación, conectaba cada punto con el siguiente, como si viajara años luz atravesando la Galaxia que formábamos.

Esta noche levanté la mirada y vi tres estrellas que imitaban perfectamente uno de aquellos caminos. Y de nuevo, en mi imaginación, con la punta de mis dedos conecté esas estrellas, atravesando los años luz que las separaban.


Atravesando los años luz que nos separan.


lunes, febrero 27, 2012

Herida.

El domingo pasado desperté y después de unos minutos de desorientación, la cruda moral me pegó con todo.

Así estuve durante un par de horas, hasta que, en un momento dado, me di cuenta de que era una cruda moral falsa, auto provocada. Porque en realidad, en el fondo no me sentía mal por lo que hice, sólo creí que me sentía mal, y en eso, hay una diferencia.

Al final, uno tiene que decir lo que tiene que decir, las palabras guardadas se encostran, se añejan, se pudren. Y no se puede andar por la vida con algo podrido por dentro. A veces es necesario sacarlo todo, aunque esto incomode a alguien más.

Dije lo que tenía que decir, lo que necesitaba decir, pero sobre todo, dije la verdad, y eso es lo más importante, porque a estas alturas del partido, ya no tengo tiempo para mentirme a mí mismo.

Si te incomodé, lo siento, en verdad, pero de todos modos ya no tiene importancia, yo ya lo dije y tú ya no tienes nada que decir. Espero que tampoco te estés mintiendo.

A veces, el silencio es la mejor respuesta.


domingo, febrero 26, 2012

Sobre una noche hace mucho tiempo.

Para mí, la premiación del Oscar significa una sola cosa: un aniversario más de una noche, hace muchos años cuando, nervioso, subí mis piernas sobre las suyas.

Un año más desde aquella noche que cambió mi vida, una vida que ahora parece ajena, lejana, perteneciente a otro mundo.

Un año más extrañándola.



viernes, febrero 24, 2012

Crotch rocket.

Crotch rocket: A machine that sits in the garage during the rainy and winter months.

Hace poco cambié mi motocicleta Virago 700cc por una Honda Shadow Spirit 750cc. Desde adolescente, me han gustado las motos (y aprendí a manejar de la mejor y más salvaje manera: como repartidor de pizzas), pero nunca, nunca me ha gustado su cultura.

De entrada, no me gustan las motocicletas de pista. Sí, sé que son muy chingonas y que el diseño y que el clítoris jamás rozado de la Virgen María y blablabla, pero no me gustan, me son indiferentes.

Lo mío son las chopper, pero así como me gusta su línea, me caga la cultura Biker. Entiéndase eso por toda su parafernalia y ritos o como le llamen a todo eso que hacen en sus motoclubs. Hasta donde entiendo, al parecer Moisés, al bajar del cerro con las Tablas de la Ley, hasta abajo decía: “Y si anduvieses en una chopper, usareis chamarras y chalecos bordados, paliacates diversos y cadenas brillantes, flecos colgantes y chaparreras homoeróticas. Y aquel que no luciese como bouncer de tabledance, incurrirá en la ira del Señor, amén”.

Para mí, todos esos uniformados, cortados con la misma tijera, no se diferencian en nada de cualquier otra tribu urbana que busca la seguridad y aceptación de la masa. Ante mis ojos, un biker, un reggaetonero y un emo no se diferencian en nada. Me niego rotundamente a tener que disfrazarme así para ganarme el derecho a andar en moto (y sí, uso chamarra de piel, pero por protección, no por estilo).

Hace no mucho, al verme en la moto, un conocido (biker) me preguntó: “¿Y andas con alguien?”, por unos segundos no entendí a que se refería y pensé en decirle “No” y darle un beso, pero luego entendí (y recordé que no soy puto) que se refería a si andaba con algún club y si salía a paseos y cosas así. Le dije que no, que no tenía tiempo y huí con mi hombría intacta.

Así que gracias, pero no gracias, yo ando en moto con tenis, pantalón de mezclilla, a veces falda y así estoy feliz. Y muy cómodo.



Las faldas se arrugan un poco, pero vale la pena


jueves, febrero 23, 2012

He drank alone.

The Forever War, Forever Free, Forever Peace, Armor, Old Man’s War, Snow Crash, Leviathan Wakes…

Tengo mucha ciencia ficción con la que ponerme al corriente. Por lo pronto, ya llevo las dos primeras partes de la primera trilogía: The Forever War (muy bueno, un poco lento, pero con un final demoledor) y Forever Free (con un cambio completo de estilo y el que al final me conectó con un Deus Ex Machina que casi me deja en la lona).

Armor empieza bien (típico antihéroe enfundado en la armadura de Ironman, o sea, como, uh, Ironman). Me gusta esa ciencia ficción, porque el protagonista es, de entrada, fácilmente asimilable y los puntos en común hacen que uno se identifique de inmediato.

De Old Man’s War, dice Wikipedia:

Old Man's War is similar in overall structure to Robert A. Heinlein's Starship Troopers and Joe Haldeman's The Forever War


No necesito mucho más para querer leerlo (aparte de la nominación al Hugo, claro).

Snow Crash es ciberpunk, y aunque no soy fan del género, estuvo nominado al Arthur C. Clarke Award, so, habrá que leerlo.

Leviathan Wakes es nuevo, y una reseña lo describe así:

“Old school space opera meets futuristic detective story with a dash of noir.”

De nuevo, no necesito más recomendaciones.

Necesito leer, regresar a esos mundos maravillosos que por tanto tiempo me acompañaron y que dejé abandonados por la realidad. Regresar, no escapar; la ciencia ficción jamás es un escape, al contrario. Nada mejor para entender el presente que navegar por el futuro.

Y como nota final, esta noticia, que me deja dos pensamientos:

1) Cerebros positrónicos.

2) Daneel!

miércoles, febrero 22, 2012

Be yourself.


Hace unos días, saliendo del estacionamiento de un bar en la motocicleta, varias personas que estaban esperando sus autos empezaron a decirme, a coro “¡Arrancón!, ¡Arrancón!”, me dio risa y sólo dije: “Ni que tuviera dieciocho años”, me despedí de mis amigos y arranqué de manera normal.

Después pensé que lo que había dicho no tenía sentido, porque tampoco lo hubiera hecho a esa edad. Cuando niño, nunca fui de los que se dejaban arrastrar por retos o bravatas, primero por miedo e inseguridad infantil, pero después, con los años, se volvió un principio de mi personalidad. Durante la adolescencia, muchísimas veces fui tachado de puto por no hacer algo a lo que había sido retado, nunca me importó mucho y en parte gracias a ello, salí bien librado de esos años turbulentos.

Hasta la fecha, algo tiene que ver eso con el hecho de casi nunca apostar (a menos que esté seguro de poder ganar, dependiendo únicamente de mi capacidad) y de desechar retos de entrada y sin siquiera considerarlos. Soy de las personas que ante un “Tú no podrías hacerlo” responde “No, no podría, ¿Cuál es el punto?” o frente a un “Te gano en ________”, concede “Muy probablemente”

Realmente nunca he sentido muy fuerte esa necesidad de probarme ante los demás. Claro, muchas veces, en una época oscura, caí en ese error, pero nunca en nada realmente importante. Ahora los únicos retos que acepto son los propios, y ni siquiera me es fácil verlos como retos propiamente; cuando tengo que hacer algo, lo hago no porque tenga algún merito o represente un sacrificio loable; lo hago porque es algo que tiene que hacerse, así de simple.

Esta particularidad (no me siento cómodo llamándola cualidad) ha llevado a varias personas a considerarme como alguien determinado o fuerte. Yo no lo veo así, nunca lo he hecho, porque en el fondo, cuando decido hacer algo, no lo siento como un peso, sino, como ya dije, algo que se tiene que hacer, como respirar o parpadear (Si las cosas en verdad me costaran el esfuerzo que parece, probablemente no las haría en primer lugar).

Al final se trata de tener el control, de hacer lo correcto en lugar de lo fácil, de no dejarse llevar. De ser uno mismo.

Ser completo.


Someone finds salvation in everyone, another only pain
Someone tries to hide himself, down inside himself he prays
Someone swears his true love until the end of time
Another runs away, separate or united, healthy or insane

And to be yourself is all that you can do.


lunes, febrero 20, 2012

De eso se trata

Desde hace unos años, cuando intenté escribir cosas un poco más serias (y aclaro por enésima vez que, por estos intentos, nunca me he considerado escritor, de la misma manera que clavar un par de clavos no te convierte en carpintero) me di cuenta que siempre he tenido una enorme tara de estilo: siempre, invariablemente, mis personajes terminan o solos o muertos. Aún cuando la historia parezca tomar otro rumbo o incluso tener un final feliz, muy dentro de sí, aún invisible y sin que lo sepan, mis personajes están solos o muertos.

Alguien con más tiempo e interés que yo podría sacar algunas obvias conclusiones psicológicas. A mí no me preocupa mucho; aún antes de empezar a escribir, esa visión trágica y fatalista ya poblaba mis fantasías. Siempre ha sido parte de mí y dudo mucho que a estas alturas del partido eso vaya a cambiar.

No sé, supongo que aunque racionalmente creo en los finales felices –o por lo menos en la capacidad de las personas de luchar y trabajar por la felicidad-, muy en el fondo sé que, al final, después de la felicidad, después del logro y de la realización, todo es fútil, todo es en vano. Al final, uno se queda solo, ya sea en vida o ya sea en la tumba.

Y creo que después de muchos años me he conciliado con esa idea. Saber que después de todo y no importando lo que hagas, al final, en el último segundo del último día de tu vida, cerrarás los ojos y no habrá nada más. Ese último paso, ese último trámite, lo haremos solos. Aceptar eso es quitarse un peso de encima; aligera la carga del fracaso y diluye el sabor amargo de la deslealtad. Es encogerse de hombros mentalmente ante la vida y la mierda que reparte.

Tal vez, en algún momento, si sigo escribiendo, mis personajes tengan otro destino que no sea la soledad, la muerte o una combinación de ambas. Aunque en el fondo no estoy muy seguro; me siento cómodo con el hecho de que mis personajes contengan parte de mí, porque creo que, después de todo, de eso se trata escribir.

De eso se trata vivir, de vaciarse.


domingo, febrero 19, 2012

Protip.

Protip: No es buena idea en todo el día tomar solo un vaso de leche y comer una lata de atún para después meterse dos horas al gimnasio, so pena de casi tener un blackout en motocicleta.

Por otro lado, nunca me he caracterizado por tener ideas brillantes y tomar buenas decisiones, meh.


sábado, febrero 18, 2012

Viejo.

Un cerezo se alza en un claro entre la hierba al fondo del jardín. No es un árbol joven; su tronco es nudoso y ajado. Es invierno y sus ramas largas y retorcidas están desnudas. Frente a él hay una vieja silla de madera.

El hombre cruza el jardín y lentamente se sienta en la silla. El hombre es viejo; su cuerpo parece imitar al árbol: nudoso, ajado, retorcido. Mira al árbol y recuerda.

Recuerda su infancia a la sombra del cerezo, los largos veranos jugando sobre sus ramas y la alegría de las incontables fantasías y aventuras en las que el árbol a veces era un aliado y otras tantas el villano. Recuerda su adolescencia y las tibias noches de agosto, cuando, cobijado bajo sus hojas, aprendió lo que era el sexo; primero a solas y después acompañado. Recuerda su boda y el nacimiento de su primer hijo, recuerda la primera vez que el niño, emocionado, subió por sus ramas. Recuerda la muerte de sus padres y después las largas noches de enfermedad que al final se llevaron a su esposa. Recuerda todos los adioses que tuvo que dar, todas las despedidas, todas las noches en silencio.

El hombre recuerda, y al recordar, vive. Un par de lágrimas recorren los profundos surcos de su rostro y caen sobre la tierra congelada. El hombre vive y llora, llora y se vacía. Y cuando el hombre recuerda todo lo que tenía que recordar y llora todo lo que tenía que llorar, muere.

El hombre muere y en el árbol, una solitaria flor de cerezo abre sus pétalos.


viernes, febrero 17, 2012

La cuerda que se rompe.

"Sereno, anclado, estático. Permanezco en punto muerto.

No, eso es una mentira o si no lo es, por lo menos es una equivocación benigna, una agrupación de metáforas erradas. Estoy declinando, declinando sin cesar. Mi marea está descendiendo.

Me revelo como una costa rocosa, desnuda y escabrosa, en la que sobre las olas que se retiran flotan oscuras y sucias algas marinas arrastradas por la corriente. Por entre las rocas, los cangrejos verdes se escabullen. Sí, declino, lo que significa que me reduzco, me atenúo. ¿Saben una cosa?, ahora me siento bastante tranquilo con respecto a eso. Por supuesto que mis estados de ánimo varían, pero

ahora me siento
bastante tranquilo
con respecto a eso."

Hace muchos años que no releo Muero por Dentro de Robert Silverberg; mis recuerdos sobre el son, a estas alturas, difusos, pero ciertas partes, como la anterior, quedaron grabadas en mi subconsciente desde la primera vez. En diferentes momentos de mi vida ese monólogo ha tenido diversos significados; a veces relacionados, a veces no. En este momento, esas palabras resuenan con una estridencia demasiado familiar.

"De repente, hay un gran silencio. Distante, oye un último sonido, un instrumento de cuerda, un violonchelo, quizá, pulsado pizzicato, un hermoso sonido melancólico. Twang. La cuerda que vibra. Twing. La cuerda que se rompe. Twong. La lira desafinada. Twang. Twing. Twong. Y nada más. El silencio le envuelve. Es un silencio terminal que retumba a través de las cavernas de su cráneo, el silencio que le sigue a la rotura de las cuerdas del violonchelo, el silencio que llega con la muerte de la música. No puede oír nada. No puede sentir nada. Está solo. Está solo.

Está solo.

- Tanto silencio - murmura -. Tan solitario. Es... tan... solitario... esto."

No pienso releerlo, no por ahora, prefiero dejar que esas palabras, fuera de contexto, tomen su propio lugar e importancia.

Pero más importante es la siguiente parte, que marca el final y a la vez, el principio, si es que se le puede considerar así:


"Ahora hay un gran silencio.

Afuera el mundo es blanco, adentro, gris. Lo acepto. Pienso que la vida será más apacible. El silencio se convertirá en mi lengua materna. Habrá descubrimientos y revelaciones, pero ningún trastorno. Es posible que más adelante el mundo vuelva a tener algo de color para mí.

En vida nos consumimos. Al morir vivimos. Recordaré eso.

Me regocijaré. Twang. Twing. Twong. Hasta que muera de nuevo, hola, hola, hola, hola."


Hasta que muera de nuevo, todo.



jueves, febrero 16, 2012

De tiempo y destiempo.

¿Qué pasaría si un día, después de morir, despertaras al inicio de ese mismo día? Sí, es parte de la premisa de Groundhog Day, y también de “All You Need Is Kill”, un libro de Hiroshi Sakurazaka, que hace poco leí. En el, un soldado de un futuro no muy distante, todos los días se enfrenta en una guerra contra un enemigo casi indestructible. Todos los días muere a los pocos minutos de comenzar la batalla. Pero a fuerza de repetir cada día una y otra vez, poco a poco, resiste vivo más y más minutos. Lucha, aprende, muere. Repite.

No voy a contar el final, pero es obvio decir que en algún momento, a base de incontables fracasos y pequeños éxitos, se convierte en una máquina de matar perfecta, implacable, hermosa.

¿Qué pasaría, si un día, después de fracasar, despertaras al inicio de ese mismo día? ¿Te volverías una mejor persona –o un mejor asesino, según las dos obras antes mencionadas- o simplemente repetirías los mismos errores una y otra vez hasta el fin de los tiempos, porque está en tu naturaleza?

No sé la respuesta.

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El viaje en el tiempo siempre me ha causado una fascinación personal.

En cuanto a sus dos direcciones, pensar en viajar al pasado me parece demasiado complicado, demasiadas variables, demasiadas paradojas. En cambio, el viaje al futuro es una hoja en blanco.

En “The Forever War” de Joe Haldeman, el viaje por el tiempo es un efecto secundario que surge de la ubicuidad del viaje por el espacio. Si al viajar uno respeta la física relativista, al acercarse a la velocidad de la luz, el tiempo transcurre más despacio. En esta novela, los protagonistas recorren el espacio durante poco tiempo subjetivo, algunas semanas o meses, pero el resultado, en el mundo objetivo, son decenas, cientos, miles de años.

¿Podría embarcarme en un viaje de un par de meses, sabiendo que al regresar habrán transcurrido cientos de años? Ningún conocido estará vivo, ningún lazo con mi pasado existirá; sería un extraño en mi propio mundo. Un anacronismo, un mito.

¿Podría cortar con todo, con todos, con mi vida, mi presente? ¿Incluso mi propio futuro, cambiándolo por una incógnita?

No sé la respuesta.


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